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Las tijeras parecen una extensión de sus manos. Corta, corta y peina... En unos minutos transforma una castaña cabellera. Tiene que ser rápido, hay una larga fila de asistentes a la Aldea Global 2008 que esperan su turno de cortarse el cabello. El servicio es gratuito.
Éste es uno de los stand que más ha llamado la atención por la habilidad de los estilistas que se han unido en la lucha contra el Sida. En 2002, una compañía de productos para el cabello y la UNESCO lanzaron en Sudáfrica la primera campaña de este tipo, con el propósito de acercar a los clientes de los salones de belleza con información para prevenir el Sida.
A David Huerta, estilista contra el sida, no le importa que se asocie a la comunidad homosexual con este tipo de trabajo. "Yo creo que es algo natural, tenemos la habilidad y el gusto", dice.
"La Aldea Global 2008 es un espacio de tolerancia donde todos podemos expresarnos", aseguró este joven de 24 años con un lustro de experiencia en el mundo del arte y el glamour.
En los pasillos de la aldea se muestran sin pudor las diferentes preferencias sexuales. Se ven altos y fornidos cuerpos enfundados en minifaldas de colores llamativos y profundos escotes.
Hugo Alberto Mendoza camina sensualmente y cubre sus ojos color miel con unas gruesas gafas para el sol. Su maquillaje es impecable y resaltan sus rizadas y largas pestañas. Asegura que todos pueden andar libremente sin sentirse criticados.
El tercer día de actividades el foro cultural de la 17 Conferencia Internacional del Sida fue el de mayor afluencia. Todos cargan bolsas y bolsas con folletos y condones masculinos que se regalan casi en cada stand.
Julieta Jiménez, visitante a la Aldea Global, lleva una bolsa de papel reciclado con información que distribuye el gobierno del Distrito Federal. En su interior decenas de folletos en inglés, español y francés. "No sé si los pueda leer todos, son muchos", dice entre risas. El gobierno capitalino distribuyó ayer una tanda de 3 mil 800 bolsas con folletos y condones. Todos se terminaron al mediodía.
La mayoría de los visitantes se acerca a los stand con la intención de llevarse algún "recuerdito", lo que ha molestado a muchas organizaciones.
Norma, integrante de Fuerza Joven, se desespera y va con cada uno de los miembros de la fila que espera registrarse en su organización. "Si nomás vienes por camiseta mejor dime y te la regalo, no quiero perder el tiempo", dice levantando la voz.
Su compañera Kathy Wollner dice que esta semana repartirán unas 2 mil camisetas, pero confió en que en realidad se comprometan en difundir acciones para evitar el sida entre los jóvenes.
mzr