"La gente tiene miedo por Dolly", dice el taxista Eligio Ramírez, mientras circula por las solitarias calles de Matamoros.
Es el amanecer en esta fronteriza ciudad, y ante el inminente impacto del huracán Dolly hay muy poco movimiento vial. Las calles lucen semi vacías.
"Sólo nosotros -los taxistas-, la prensa y las autoridades andan en las calles. La gente no quiere salir para nada", expresa Ramírez.
Los vientos cada vez son más fuertes y vuelve a llover en Matamoros. El temor al huracán contagió también a la zona comercial de la ciudad, ya que muchos negocios no abrirán.
Incluso, el popular Café París, ubicado junto a la Presidencia Municipal, está cerrado y sus ventanales protegidos por madera.
"Yo voy a mi casa, solo salí a abastecerme de algo de despensa y no pienso salir para nada", comenta la señora Sofía De la Cruz.
En los albergues temporales es donde hay más movimiento, ya que las personas refugiadas no dejan de pensar en sus propiedades que tuvieron que dejar por el mal tiempo.
"Ojalá no pase nada malo y todos regresemos con bien a nuestras casas", opina Lucía Peña, ama de casa a quien la acompañan sus dos hijos de 8 y 4 años de edad.
Según datos de Protección Civil, en varios municipios costeros de Tamaulipas se habían evacuado a unas 23 mil personas. Al respecto, el director estatal de Protección Civil, Salvador Treviño Salinas, indicó que los trabajos de movilización iniciaron desde la tarde del martes, para llevar a las personas que viven en lugares de riesgo a los refugios temporales mientras pasa la contingencia.
"Utilizar incluso el transporte público que hay en los municipios esto para darle una mayor fluidez al desplazamiento de las personas y llevarlos a los refugios temporales", aseguró Treviño.
cgb