Un grupo de mexicanos superó obstáculos como la diferencia del idioma, el escaso dinero y un extenuante viaje para estar presente hoy en la apertura de la Jornada Mundial de la Juventud con otros 150 mil jóvenes.
Guiados por el sacerdote Valdomero Zambrano Cortés, de 35 años, unos 114 peregrinos de varias parroquias de los estados de Monterrey y Jalisco prepararon por más de un año el itinerario que los trajo este día hasta la explanada de Barangaroo.
Allí, en el corazón de la bahía de Sydney, enfundados en sus playeras color verde y banderas tricolores, cantaron, gritaron y bailaron hasta olvidar las complicaciones de una tortuosa travesía.
"Los obstáculos que se presentaron en el camino, las preocupaciones y temores se disiparon al llegar aquí porque con la fe entendemos que hablamos todos un mismo idioma", dijo Zambrano en entrevista con Notimex.
Ser de los privilegiados fieles de México, agregó, en posibilidad de pisar suelo australiano y escuchar a Benedicto XVI es una "emoción que sobrepasa", por ello "el sentimiento de tristeza no existe, es un sentimiento de plenitud".
El viaje de los mexicanos inició el 6 de julio cuando se trasladaron en un vuelo de tres horas hasta Los Angeles (Estados Unidos) y desde allí abordaron un avión con destino a Melbourne (Australia) donde los recibieron católicos locales.
Pasaron una semana como huéspedes de la parroquia "Nuestra Señora del Buen Consejo" hasta el lunes 14 cuando vía aérea, en un recorrido de tres horas, viajaron a Sydney donde se instalaron en el colegio de St. Joseph.
También en entrevista, Lizette Garza -una regiomontana de 28 años- expresó su satisfacción por haber superado las dificultades impuestas de atravesar medio planeta para asistir a un encuentro con el Papa.
"Te topas con comentarios de compañeros quienes te dicen que no es necesario viajar tan lejos para conocer a Dios, eso una lo tiene claro pero se trata de una experiencia de conocerlo a él por medio de las otras naciones", sostuvo.
Su principal motivación en Australia, reveló, es poder compartir la fe de personas de países completamente distintos al suyo, lo cual demuestra cómo "Dios habla en muchos idiomas y es de muchos colores".
Gerardo Lara, peregrino de 29 años originario de Ciudad Victoria (Tamaulipas), calificó de "increíble" la convivencia de tantas nacionalidades del mundo en un mismo encuentro, tantos lugares distintos donde se vive la misma fe.
"Nunca en mi vida había viajado tan lejos, una satisfacción muy grande al ver que los sacrificios de todo un año se convirtieron en un logro palpable y que estamos aquí en esta hermosísima ciudad".
"Esto no es un viaje, es una travesía; sabíamos a lo que veníamos y el hecho de quererlo, estar aquí y lograrlo es un sentimiento de regocijo al mismo tiempo de incredulidad", concluyó.
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