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Hace siete días, a las puertas del New’s Divine, el caos lo envolvió todo. A pesar de que ya transcurrió una semana el dolor es tan intenso como en los minutos que siguieron a la tragedia; parece que la muerte se quedó a vivir en este sitio.
Vecinos y deudos colocan veladoras con los nombres de los nueve adolescentes muertos a causa del fallido operativo policiaco en la discoteca.
Una tiene una imagen en la que se ve a un joven que prácticamente acaba de dejar la niñez. “Para Rafita y todos los fallecidos”, dice el letrero. Unas cartulinas pegadas a la pared del establecimiento claman por justicia.
Como cada viernes desde hace cuatro meses, Abraham, Luis y Adrián —de 15 años de edad— llegaron a la esquina de Eduardo Molina y calle 312. Esta vez no a pasarla bien, sino a solidarizarse con los familiares de las víctimas.
Abraham todavía no comprende cómo pudo salir del infierno del Divine.
“Tenía la mitad del cuerpo fuera del antro y la otra mitad prensada por la banda que estaba adentro. Le suplicaba a un policía que me ayudara pero se rehusaba. Al final, creo que le di lástima y me jaló. Tan pronto salí me empezaron a pegar los demás policías hasta que uno los detuvo para que me dejaran respirar”, recuerda.