J. Jaime Hernández / Corresponsal
El Universal
Washington, D.C.
Lunes 19 de mayo de 2008
07:44
La sombra de la derrota y la traición persiguen estos días a Hillary Clinton. Su estela de victorias parecen hoy más que nunca abocadas al fracaso, mientras su buque de campaña —que prometía una fácil victoria en febrero pasado— se ha convertido en un barco a la deriva que hace agua por todos lados.
El temor a nuevas deserciones, que han facilitado la senda de la victoria a Barack Obama, mantienen en vilo a sus estrategas y responsables financieros. Los rumores de abandono y de cambios de chaqueta resquebrajan la unidad interna:
“Entre la gente de Clinton se ha comenzado a decir; si desertas públicamente de la campaña, ese será el final de nuestra relación”, aseguró ayer al Washington Post un importante operador de la campaña de Obama que participa en una ambiciosa operación de conciliación entre los grupos y personalidades que han financiado tanto a Clinton como a Obama bajo una sola fórmula, para no desperdiciar la oportunidad histórica de reconquistar la Casa Blanca.
En medio de apurados encuentros, los principales apoyos financieros de Clinton y Obama barruntan el futuro, convencidos de que la batalla por la nominación ha concluido. Aunado a ello, la deuda acumulada de Hillary supera ya los 20 millones de dólares y muy pocos parecen dispuestos a seguir financiando una causa perdida:
“Nadie presta dinero a quien está endeudado y no ganará la Presidencia”, aseguró Michael Toner, ex presidente de la Comisión Federal Electoral.
Por ello, cuando el próximo martes Hillary alce la mano en señal de triunfo en las primarias de Kentucky —donde figura como clara favorita—, muy pocos podrán verla como ganadora. Sobre todo porque, a esa misma hora, Obama festejará desde Iowa su casi seguro triunfo en Oregon, con una previsible ventaja de 20 puntos, y su casi segura nominación.
Según han confirmado fuentes de su campaña, el deseo del senador por Illinois de trasladarse a Iowa, el primer estado que le impulsó en su lucha por la Presidencia, intenta demostrar que no solo Hillary es la preferida de la “América blanca”.
Daniel Axelrod, jefe de campaña de Obama, confía en que la noche del próximo martes 20 habrán alcanzado la cifra de 1,627 delegados, es decir, la mayoría de los 2,025 que se necesitan para ser nominado. Tras su victoria en Oregon, Obama lanzará su última ofensiva entre los superdelegados que aún no han hecho público su respaldo para tratar de asegurar así la mágica cifra de 2,025 delegados.
Pero antes de cantar victoria, Barack Obama tendrá que lidiar con el futuro de Hillary Clinton y conciliar aspectos con el grupo de poderosos intereses económicos que la han respaldado.
La remota posibilidad de conseguir el restablecimiento de los votos y delegados de Michigan y Florida —que fueron sancionados por saltarse el calendario de primarias y que Clinton ha visto como su última oportunidad para disputar la nominación—, han apurado la ruta de negociaciones que pasan por la designación de un incondicional del clan de los Clinton como candidato a la vicepresidencia.
Después de que John Edwards se descartara a sí mismo como vicepresidente, entre los nombres que algunos de los principales apoyos financieros de Clinton han barajado figura el gobernador de Ohio, Ted Strickland, un político que podría facilitar a Obama la reconciliación del Partido Demócrata, la decorosa salida de Hillary y los votos de un “estado cambiante” que será crucial en noviembre próximo.