ruth.rodriguez@eluniversal.com.mx, liliana.alcantara@eluniversal.com.mx, nurit.martinez@eluniversal.com.mxEn casi dos décadas, los programas de ayuda alimentaria dirigidos a los pobres en México no lograron erradicar la desnutrición de los niños.
La pobreza alimentaria afecta a 7.5 millones de infantes y de ellos, 4 millones padecen desnutrición crónica. Aunque ésta tiende a disminuir, prevalecen la anemia, la baja talla y, ahora también, la obesidad por una mala dieta; la situación se agudiza entre las familias que viven en condiciones de extrema pobreza en el centro y sur del país.
En caso de que la crisis alimentaria que amenaza a todo el mundo impactara en México, los “pobres entre los pobres” estarían entre los más afectados, aquellos que nunca han sido beneficiados con estos programas sociales del gobierno por estar dispersos, advierte el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Mauricio Hernández Ávila.
El funcionario federal reconoce que hay una alerta mundial por el incremento de precios en los alimentos ante el impulso de los biocombustibles.
El representante de la Secretaría de Salud dice que si esta tendencia continúa, México podría experimentar problemas y los más vulnerables serían los habitantes de las zonas marginadas, a pesar de contar con apoyos de distribución de alimentos a través de Diconsa.
Al hacer un diagnóstico, el investigador Hernández Ávila considera que más de 40% de los hogares de México recibe al menos un programa de ayuda alimentaria.
El gobierno federal distribuye apoyos a través de Oportunidades —el de mayor cobertura— y le siguen los del DIF, Liconsa, Diconsa y otros por parte de organismos no gubernamentales.
A pesar de ello, reconoce que la desnutrición es difícil de erradicar en el país y lo más urgente es reforzar los programas que ataquen la pobreza extrema ubicada en las poblaciones dispersas y que se quedaron fuera de estos beneficios.
Hernández Ávila dice que es necesario redirigir los programas alimentarios a esta población, donde se concentran altas tasas de desnutrición, anemia y falta de servicios básicos como agua, alcantarillado y luz.
Son comunidades que no cuentan con escuelas y centros de salud, requisitos básicos para incorporarse al padrón de los programas alimentarios del gobierno como Oportunidades.
Stefano Michele Bertozzi, director adjunto del Centro de Encuestas Nacionales e Información, asegura que México vive cambios radicales en el patrón nutricional del país.
“Antes estábamos enfocados en aumentar el consumo calórico para disminuir la desnutrición; ahora tenemos obesidad y deficiencia en micronutrimentos como es el caso de hierro y zinc, lo que hace difícil erradicar la anemia”, precisa el investigador del Instituto Nacional de Salud Pública.
En términos de suficiencia calórica, explica Stefano Bertozzi, “cuando uno piensa en desnutrición, la primera cosa que tiene uno en mente es que la gente no tiene suficiente para comer, y esto básicamente se ha eliminado en México”.
El investigador considera que México ya no es un país en donde hay hambre, o la población no tenga nada que llevarse a la boca. Aquí, la gente come, pero no bien.
Permanece un hambre de micronutrimentos, agrega, que tiene que ver con un patrón de dieta basada en muchas calorías y poco hierro.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 reveló que la desnutrición aguda ha dejado de ser un problema de salud pública en nuestro país. Pero la baja talla y la anemia no.
Se estima que 20% de la población infantil presenta anemia, y un millón 200 mil niños menores de cinco años registran baja talla, de un total de 9 millones.
Ambos investigadores coincidieron que en materia de desnutrición, México ha avanzado mucho, pero aún faltan retos como abatir la anemia y la deficiencia de micronutrientes principalmente en las zonas rurales más marginadas del país.