10:10 Los estadounidenses tienen expectativas muy claras en lo que se refiere a los candidatos presidenciales y la forma en que se visten.
Demasiada pulcritud sugiere pretensión y tal vez labia, aunque poner poca atención en el aspecto indica desorganización, poco profesionalismo e incluso ineptitud para el cargo.
Quien está en campaña para alcanzar el puesto más alto del gobierno debe lucir serio pero accesible, y los votantes estadounidenses responden favorablemente cuando el candidato logra ese equilibrio.
Ya sea a propósito o por accidente, la apariencia del candidato ofrece algunas claves sobre la personalidad, opinión, valores y prioridades de la persona. Y para alguien que será el comandante supremo, el bagaje adicional que le confiere el género y la raza puede hacer que el camino sea más peligroso.
La manera en que se están vistiendo los tres senadores estadounidenses que están compitiendo por ser el próximo ocupante de la Casa Blanca revela algunos datos sobre los candidatos y las perspectivas del electorado.
John McCain tiende a lucir insulso y anticuado, Barack Obama necesita verse más maduro y Hillary Rodham Clinton - quien tiene mayores obstáculos que superar- también podría beneficiarse con algunos ajustes pequeños.
No es una sorpresa que McCain, quien tiene 71 años y es el candidato republicano de facto, se viste de manera más conservadora. En combinación con el pelo blanco, su ropa anodina y afición por las corbatas claras lo hacen parecer un abuelo. Esto no tiene nada de malo si la apariencia es moderna y atractiva. Pero la ropa de McCain lo despersonaliza, haciéndolo ver de alguna manera malhumorado y como alguien a quien no se quiere recordar. Incluso las camisas casuales que ha estado usando últimamente en sus encuentros informales con los votantes parecen prendas de segunda mano.
Alguien conservador no tiene que parecer aburrido y sin energía. McCain es apasionado y su ropa debe reflejar la personalidad fuerte que tiene y su vitalidad. En algunos debates usó corbatas de colores vivos y necesita utilizarlas con más frecuencia.
Obama, de 46 años, enfrenta otros retos. Su atuendo es un traje sencillo y negro con camisa blanca y corbata angosta y negra; parece uniforme y evoca la imagen de los activistas jóvenes que aparecen en las fotos en blanco y negro que se tienen del movimiento de derechos civiles. Esto refleja sutilmente el tinte contracultural de su candidatura. Obama también está relacionado con la imagen del afro-estadounidense. Si se muestra demasiado arreglado- puño francés, trajes llamativos, pañuelo en el traje- se arriesga a parecer como el típico estafador.
Demasiado casual-sin corbata y chamarra al mismo tiempo- lo pueden hacer indistinguible del negro promedio de las calles, imagen que ya de por sí tiene su propio bagaje social. A veces usa sacos cuadrados y sin forma. Este look probablemente resuena en los votantes varones jóvenes, quienes tienden a usar ropa demasiado grande. Pero en combinación con el rostro juvenil de Obama, los sacos o chamarras lo hacen ver como un novato político. Últimamente ha comenzado a usar sacos que le quedan mejor, lo que da como resultado un mejor look presidencial.
Clinton, de 60 años, tiene más posibilidades de equivocarse. El atuendo profesional es mucho más difícil para las mujeres debido a la amplia gama de opciones y a que el público estadounidense es más crítico con respecto a la apariencia de una mujer.
Clinton no usa ni blusas ni vestidos pues intenta caminar por la delgada línea entre la autoridad y lo femenino. Es como si ambos elementos no pudieran coexistir y probablemente no puedan en la mente del electorado, si se tiene en cuenta que todos los presidentes han sido hombres.
Incluso una blusa un tanto conservadora podría requerir zapatos con tacones más altos, lo que sería totalmente inconsistente con la imagen masculina a la que los estadounidenses están acostumbrados en las elecciones presidenciales.
Por suerte, Clinton encontró un punto medio. Además de trajes oscuros o de colores neutrales, Clinton ha estado usando sacos de colores y prendas separadas que no la llevan al exceso. Los tonos azules, rojos, amarillos y anaranjados transmiten vivacidad sin ser exuberantes o demasiado femeninos. Sin embargo, debería incorporar blusas más suaves y collares más redondos y cortos. Sus largos collares puntiagudos apuntan a lo afilado y rígido, asociación poco ideal cuando se está tratando de combatir la percepción de tener una personalidad polarizante.
(*) Lamont Jones / Traducción: Gabriela Cornejo