J. Jaime Hernández/ CORRESPONSAL
El Universal
Martes 22 de abril de 2008
07:21 FILADELFIA, Pennsylvania.— “¡Madame president!... ¡Madame president!... ¡Madame president!”. Los voluntarios de Hillary Clinton no han querido esperar el veredicto de las urnas.
Pertrechados con pancartas y altavoces, la irreductible marcha de clintonitas avanza en cámara lenta sobre un paisaje de barrios deprimidos, negocios cerrados, naves industriales abandonadas y parques infestados de indigentes de mirada perdida que les divisan con amargura o desconcierto, en esa mancha urbana de olvido que dormita a las afueras de esta ciudad.
“¡Vamos a ganar y tendremos a Hillary como primera madame presidenta de Estados Unidos!”, dice Nicole Mills, una joven simpatizante que ha viajado en autobús desde el Bronx neoyorquino para participar en jornadas de apoyo en favor de la senadora por Nueva York y evitar que la creciente popularidad de Barack Obama le arranque de las manos una victoria “de vida o muerte” en Pennsylvania.
El senador Barack Obama pronosticó el lunes que en las primarias de Pennsylvania del martes, Clinton obtendría la victoria crítica que necesita, pero señaló que la meta de él es que sea una ventaja estrecha.
Clinton podría utilizar una victoria con un margen muy amplio para mantener a flote su candidatura, pero sus auxiliares trataban el lunes de minimizar las expectativas, insistiendo en que estarían agradecidos con un triunfo de un dígito.
“Las encuestas siempre se equivocan. En New Hampshire todo mundo nos daba por muertos y ganamos. Y lo mismo va a ocurrir este martes en Pennsylvania”, dice convencida, Ebony Meeks, portavoz de la campaña de Hillary en Filadelfia, al desestimar los pasos de gigante que ha dado Obama entre un electorado que —según las encuestas del periódico The Philadelphia Inquirer— le han aupado a sólo tres puntos de distancia de Clinton.
“Las encuestas no votan. Son los electores los que deciden”, insiste Meeks mientras camina entre pancartas, voluntarios reventados de cansancio, montañas de papel con las listas de potenciales votantes y mesas desbordadas con bolsas de Cheetos, galletas y botellas de agua.
En los cuarteles de Hillary, todo es un hervidero. Sobre un inmenso cartel, la cifra de 5 mil visitas por día, se antoja como la cima del Everest para los cientos de voluntarios que han venido de distintas partes del país.
“Esperamos tocar la puerta de 5 mil electores por día. Esa es nuestra meta”, dijo con un falso aire de convencimiento Meeks.
“Además hemos contado con el apoyo del gobernador, Ed Rendell, y del alcalde, Michael Nutter, y eso nos ha facilitado mucho las cosas”, añadió.
Pero la logística y la organización no parecen suficientes para marcar la diferencia frente a los ejércitos “obamistas” que, en menos de dos meses, han conquistado gran parte del casco urbano de Filadelfia, donde se concentra el voto de los profesionistas, los independientes, los jóvenes y más de 40% de los afroestadounidenses en todo el estado.
“Esta va a ser una lucha voto por voto”, dice convencida Cate Kager, una residente del condado de Erie quien abandonó sus credenciales republicanas para poder registrarse como demócrata y votar en favor de Obama.
“Hasta hace poco yo odiaba la política. Me daba asco. Hoy, participo como voluntaria en favor de Obama y tengo mi coche lleno de propaganda”, asegura esta mujer entrada en los 40 que por primera vez se ha encandilado de un candidato y de la política.
El avance de los “obamistas” —ostensible en los respaldos que ha recibido de los principales periódicos en Filadelfia y de la propaganda que tapiza las paradas de autobús y comercios— ha empujado a los “clintonitas” hacia los cinturones deprimidos de Filadelfia, donde pululan los católicos, los obreros, la gente de la tercera edad y los inmigrantes.
Inasequibles al desaliento, los voluntarios de Hillary insisten en que su candidata es como Rocky Balboa y que jamás se dará por vencida antes de recibir el conteo del electorado. “Vamos a ganar no sólo en Pennsylvania, sino en Indiana y Carolina del Norte para conseguir que Hillary jure como Madame President”, dice Thomas Nelson.