07:24 Yo fui Barack Obama antes de Barack Obama... más o menos.
Y le recomiendo firmemente que adopte con elegancia una “fórmula de unidad” con Hillary Clinton a la cabeza y él mismo como candidato a la vicepresidencia. La alternativa más probable es una victoria de John McCain y una repetición del ritual republicano de destrozar a un político alguna vez prometedor.
Mi propia “experiencia Obama” ocurrió en 1992, cuando competí por la alcaldía de la que era la sexta ciudad más grande de Estados Unidos, San Diego. Como Obama, era un orador talentoso capaz de emocionar a las masas. Como Obama, había estudiado en Harvard y estaba lleno de ideas nuevas. Como Obama, también contaba con muchos partidarios de base que podían inundar los distritos electorales de toda la ciudad.
Sin embargo, también como Obama, nunca había gobernado casi nada, especialmente una gran ciudad. Como Obama, era más propenso a los errores que la mayoría de los políticos experimentados. Como Obama, algunas de mis posiciones simplemente eran demasiado liberales para el gran público. Tampoco había sido “examinado” políticamente por completo, lo que quiere decir que aún había algunos esqueletos en mi armario.
Gané decisivamente las elecciones primarias y me convertí en el favorito de la gente. Pero para las elecciones generales de noviembre, me había derrumbado.
Lo que me acabó fue precisamente lo que acabará a Obama: juventud e inexperiencia que son aprovechadas por la maquinaria de desprestigio republicana. Como consecuencia de la montaña de lodo arrojada a mi persona, casi la mitad de la ciudad me odiaba para noviembre, e incluso mis partidarios más acérrimos estaban desilusionados. No sólo perdí la contienda, sino que mi alguna vez prometedora carrera política se acabó, todo por subir demasiado alto demasiado pronto.
Los mismos riesgos esperan al joven Barack y son precisamente la causa por la que la “fórmula de unidad” representa el mejor camino a largo plazo para su carrera política. Como candidato a la VP, gran parte de lo que los republicanos pueden echarle en cara, particularmente en la cuestión de la experiencia, simplemente desaparecerá, en tanto que su compañera Clinton ha sorportado todos los ataques que podían lanzarle y se mantiene firme.
Lo que resulta de igual importancia para el cálculo estratégico, una fórmula de unidad Clinton-Obama brinda una mucho mayor oportunidad de ganar en noviembre. Clinton atrae a mujeres y latinos, en tanto que Barack atrae a los votantes negros y a hombres demócratas e independientes. Mientras Clinton genera tranquilidad entre los ciudadanos más grandes, Obama puede atraer a millones de electores jóvenes.
En cuanto a Irak, McCain piensa que debemos quedarnos 100 días, en tanto que Obama quisiera haber salido ayer. Ninguna de esas posiciones refleja el sentir mayoritario. Gran parte de la gente cree que Estados Unidos no debió ir a Irak, pero ahora que ya está debe mantener la presencia suficiente para impedir el derrumbe del país. Esa es la posición de Clinton.
Sobre la economía, Clinton de igual forma supera a McCain y a Obama. McCain es un autoproclamado ignorante de la economía, mientras que el principal asesor de Obama es incluso más joven que el candidato y tiene pocos conocimientos de macroeconomía. En marcado contraste, el equipo de Clinton supervisó la economía durante la década más próspera que ha tenido Estados Unidos en su historia.
Para noviembre, cuando es muy probable que nos encontremos en una de las peores recesiones, el toque económico de Clinton probablemente será la carta de triunfo de los demócratas, pero sólo si Hillary está a la cabeza para jugarla.
Sin una fórmula de unidad, los mejores promotores de John McCain hasta la convención demócrata en agosto serán precisamente Clinton y Obama, que están tratando de llegar a la cima atacándose entre ellos. Si Obama es realmente el gran unificador que proclama ser, apreciará la hermosa lógica estratégica de la fórmula de unidad y hará lo que ningún otro miembro de su partido puede: hacer realidad la fórmula de unidad.
*Peter Navarro es profesor de administración de empresas en la Universidad de California en Irvine y autor del libro de próxima aparición, “Las próximas guerras chinas”.
(Traducción: Gregorio Narváez).
amr