12:52 Francisco Goya ha sido celebrado por siglos como un artista oscuro cuya visión sombría inspiró a románticos y surrealistas.
Pero una nueva exhibición en el Petit Palais de París muestra al renombrado español, cuya turbulenta vida abarcó los siglos XVIII y XIX, como un discípulo radiante de La Ilustración.
Goya Graveur se enfoca exclusivamente en los grabados del artista y reúne más de 200 aguafuertes y litografías, incluyendo algunos grabados de prueba rara vez vistos.
La exhibición combina pruebas hechas bajo la supervisión de Goya con grabados creados después de su muerte en 1828 para mostrar qué tanto de la reputación sombría del artista deriva del modo en que se imprimieron las ediciones póstumas de su obra.
Los curadores de la muestra sostienen que los artesanos del siglo XIX que hicieron copias usando las láminas de cobre originales de Goya a menudo les dieron una pátina más oscura que la prevista por el pintor.
“Goya es recordado como un artista obsesionado con monstruos y cosas monstruosas, con la oscuridad”, dijo Simon Andre-Deconchat, uno de los curadores de la exhibición. “Lo que a menudo se olvida es que él representaba aquellos monstruos para condenarlos”.
Una imagen de la serie 'Los Desastres de la Guerra, que representa con espantoso detalle los horrores de la invasión de Napoleón a España en 1807, ilustra perfectamente dicho punto.
“Qué valor” muestra a la heroína Agustina de Aragón sosteniendo una cerilla que se dice tomó de las manos de un soldado de artillería muerto para disparar un cañón durante el asedio de Zaragoza. Cuenta la leyenda que su esfuerzo provocó que las tropas francesas se batieran en retirada.
La impresión hecha por Goya es de alto contraste: el vaporoso vestido blanco de Agustina brilla junto al cañón y a los cuerpos arrugados al pie del cuadro.
Pero en una impresión póstuma, una oscura neblina envuelve la escena y los contrastes se difunden en grises.
“Tras la muerte de Goya se le consideró muy oscuro, así que de ese modo representaron su trabajo”, dijo Andre-Deconchat. “Pero en realidad, él fue un artista de La Iluminación que dibujó porque quería cambiar las cosas”.
Aun así, la muestra no carece de oscuridad: Monstruos con alas, demonios con expresión de dolor e híbridos mitad-humanos se ven particularmente en la serie Caprichos, que data de 1799.
Comprendida por 24 grabados pequeños, Caprichos denuncia las debilidades y vicios de la humanidad, desde la prostitución hasta los abusos por parte del clero.
“Están calientes” muestra a cuatro monjes sentados alrededor de una mesa, con los rostros distorsionados por su glotonería, mientras devoran grandes bocados de comida.
No es una imagen linda y ciertamente no es una que hubiera complacido a los miembros de la Inquisición española, el tribunal eclesiástico dirigido a eliminar posibles amenazas al catolicismo. Probablemente bajo presión de la Inquisición Goya sacó del mercado toda la serie Caprichos. Los grabados no se vendieron hasta después de su deceso.
Goya dejó inédita su serie Disparates, que también retrata una variedad alarmante de monstruos, quizás por temor a la censura de la época. Los trabajos más perturbadores de la exhibición son aquellos inspirados en las realidades de la guerra, no en los sueños.
Durante la Guerra de Independencia de España Goya vivió en Madrid, donde ocurrieron muchas de las peores catástrofes del conflicto con las tropas napoleónicas. Con sus Desastres de la Guerra, 92 grabados hechos entre 1810 y 1820, el maestro se dispuso a capturar en papel los horrores que atestiguó.
“Yo lo vi” muestra a civiles andrajosos escapando hacia las colinas mientras que otra imagen muestra a un hombre que vomita sobre un montón de cadáveres retorcidos.
A semejanza de un fotoperiodista, Goya parece haber tratado de mantenerse imparcial. A una escena brutal de soldados franceses uniformados usando bayonetas contra las guerrillas españolas le sigue otra de un rebelde blandiendo un hacha contra un soldado encogido.
Casi 200 años después, las imágenes mantienen su espantoso poder. Los Grabados de Goya se exhibirán en el Petit Palais de París hasta el 8 de junio.
mzr