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Alejandro Encinas, candidato de Izquierda Unida y respaldado por Andrés Manuel López Obrador, se impuso ayer a su adversario Jesús Ortega, cuya corriente controla la burocracia del PRD, y ganó la presidencia del partido con el voto arrasador en el Distrito Federal.
La contienda se encontraba cerrada, según los conteos rápidos que se realizaron al finalizar la jornada. Pero cuando comenzaron a contabilizarse los votos en el Distrito Federal, el giro que dio la competencia definió la victoria de Encinas.
Funcionarios perredistas dijeron que la participación y la densidad de voto en el DF neutralizaron la maquinaria de Ortega. Según explicaron, los votos de Ortega en el estado de México, Oaxaca y Veracruz no le alcanzaron para empatar los 120 mil sufragios de ventaja para Encinas en la capital federal, donde la diferencia fue de 72% a 24%.
Ortega dijo anoche que los conteos rápidos solamente son una medición, y que habría que esperar los resultados oficiales. Afirmó que si confirma el dato de los conteos, reconocerá su derrota.
El PRD contrató a Consulta Mitofsky y a IMOP para elaborar el conteo rápido oficial, y Parametría efectuó una medición independiente.
La elección estuvo tapizada de irregularidades que no se habían visto antes en una elección interna de partidos.
Se reportó desde el amago con armas de fuego, la compra de votos y la quema de urnas, hasta la presunta intervención de gobiernos estatales perredistas en la elección.
Las entidades que más anomalías presentaron fueron Oaxaca, Veracruz y el estado de Mexico.
En el bastión perredista del DF, la fuerza de Andrés Manuel López Obrador contribuyó también a una victoria más que holgada de la candidata de Izquierda Unida, Alejandra Barrales.