08:30 Silda Wall Spitzer renunció a su carrera de abogada de alto nivel para criar a tres hijas y apoyar a su esposo en la búsqueda de un puesto electoral. Sin embargo, siempre ha tenido profundas reservas en torno a la carrera política de su marido.
Una y otra vez se ha visto en la obligación de impulsar a su esposo en coyunturas críticas de su vida pública, tolerando, con cierto pesar, que él haya decidido colocarse a sí mismo - y a su familia- en ese círculo.
En 1994, luego de que Eliot Spitzer contendiera por primera vez, sin éxito, para la fiscalía general de Nueva York, Wall Spitzer dijo a Nicholas Kourides, amigo y ex colega de ella del mundo de la abogacía corporativa: “bueno, ahora puede regresar y conseguir un trabajo de verdad”.
Y en julio, lamentando la atención que despertaron los primeros seis meses de Spitzer en su cargo gubernamental, su esposa le preguntó qué tendría de malo que se incorporara al negocio de bienes raíces de su padre.
Según amigos, el cargo de gobernador tuvo un costo sicológico para Wall Spitzer, quien no había podido desempeñar completamente su papel como primera dama. “Creo que todo este periodo en el gobierno no le ha venido bien”, dijo un amigo de los Spitzers. “Provocó tensión en el matrimonio”. Recientemente, dijo el amigo, la tensión ha aumentado.
“Ha estado viajando mucho”, añadió el amigo, “y lo que le ha ocurrido a nivel político, lo he podido sentir en Silda especialmente en las últimas semanas. Ella es una persona extremadamente reservada”.
El lunes, un día después de que se enterara de que investigaciones federales habían identificado a Spitzer como cliente de una red de prostitución de alto nivel, Wall Spitzer instó a su esposo a no renunciar. Y al parecer el martes siguió la misma línea.
Gente cercana a Spitzer indicó que cuando se dio a conocer la noticia, Wall Spitzer suplicó a su esposo que no renunciara a la gubernatura.
Amigos cercanos a la pareja señalaron que sabían desde un principio que Wall Spitzer adoptaría la postura que asumió debido a que no estaba consciente de la gravedad de la investigación gubernamental. “Cuando Silda dijo eso, aún no se conocían los detalles que ahora han salido a relucir”, mencionó un amigo de Spitzer, refiriéndose al hecho de que la demanda del gobierno en contra de la red de prostitución provenía de una investigación del Servicio de Rentas Internas (IRS, por sus siglas en inglés) e involucraba cuentas bancarias de Spitzer.
El lunes y martes, mientras las primeras planas de los diarios y las pantallas de televisión se cubrían de declaraciones, Spitzer y Wall Spitzer buscaron el consejo de un grupo de personas cercanas que durante años han sido sus amigos y colegas.
“Me quedé atónito”, señaló Lloyd Constantine, asesor y amigo de toda la vida, al describir su reacción en torno a las primeras noticias.
“He estado reflexionando en el momento que está atravesando”, indicó Constantine. “Lo que estoy tratando de hacer, como amigo de Eliot y Silda, es ser útil para ellos y su familia, así como la gente de Nueva York. Y en este momento, eso incluye no hablar de lo que me han compartido”.
(*) Eric Konigsberg / Traducción: Gabriela Cornejo
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