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¿Porqué se emborracha la gente?, una incógnita para los científicos

En las culturas occidentales, es más probable que las borracheras se consideren como unas necesarias vacaciones mentales
Ciudad de México | Miércoles 05 de marzo de 2008 Redacción | El Universal09:53

Aunque la urgencia de emborracharse puede llegar en cualquier momento, al parecer ésta invade el inconsciente colectivo en las últimas semanas de invierno. Tal vez son las imágenes televisivas de lugares como Cancún y Cabo San Lucas, o quizá es un simple caso de lo que se denomina como trastorno afectivo estacional, pero al revés.

Como sea, según una nota publicada por The New York Times, a los investigadores les ha sido difícil entender dicho comportamiento. Hasta hace poco, la definición de “borrachera”- cinco o más tragos en 24 horas- era tan laxa que incitaba al debate y provocaba la burla de algunos estudiosos e investigadores que se aventuraron en el tema, al influjo del mar y las playeras mojadas, con frecuencia terminaban con conclusiones como la de un estudio realizado en 2006: “las vacaciones de primavera son un factor de riesgo para el consumo de alcohol en exceso”. O ésta, proveniente de un análisis de 1998: “los niveles reportados de alcohol, borracheras e intoxicación en los hombres son significativamente más altos que en las mujeres”.

De hecho, la dinámica de una borrachera podría tener más relación con las expectativas culturales y personales de la gente que con el número de margaritas consumidas.

En su libro “Drunken Comportment” (El comportamiento de los borrachos), los científicos sociales Craig MacAndrew y Robert B. Edgerton detallaron las enormes diferencias que existen en el comportamiento de la gente en diversas culturas después de beber alcohol en exceso. En contraste con tribus cercanas, por ejemplo, los indios de la tribu Yuruna, de la región Xingu, en Brasil, se volvían excepcionalmente reservados en el momento de estar tomando bajo la luz de la luna. Los Camba, del este de Bolivia, tomaban en exceso dos veces al mes; sentados en círculo, brindaban uno por el otro, más profusamente en cada trago. En una pueblo japonés llamado Takashima, la gente se da cuenta si una fiesta se salió de control si los aldeanos comienzan a cantar, o más aún, a bailar. La agresividad, sexual o de otro tipo, era algo muy rato en estas sesiones.

En las culturas occidentales, es más probable que las borracheras se consideren unas necesarias vacaciones mentales.

“Muchas culturas han institucionalizado las borracheras como una especie de descanso, como el Mardi Gras o la noche de fin de año, es decir, como un periodo culturalmente reconocido donde una cierta cantidad de exteriorización es aceptable”, señaló Dwight Heath, profesor emérito de Antropología en Brown.

En una serie de estudios realizados en los años 70 y 80, psicólogos de la Universidad de Washington pidieron a más de 300 estudiantes entrar en una habitación acondicionada como bar, con espejos, música y barra. Los investigadores sirvieron alcohol, en su mayoría vodka tonics, a algunos estudiantes, y otras bebidas no alcohólicas -aguaquina- a otros. Las bebidas se veían y sabían igual y casi todos los estudiantes tomaron cinco tragos en el transcurso de una o dos horas.

Los estudios mostraron que la gente que pensó que estaba tomando alcohol se comportó igual de agresiva, cariñosa o alegre de lo que se esperaba si hubieran estado borrachos. “No hubo una diferencia importante entre los que tomaron alcohol y los que no”, dijo Alan Marlatt, principal autor de los estudios. “Su comportamiento estuvo completamente determinado por sus propias expectativas de cómo se comportarían”.

En otras ocasiones, las expectativas y preferencias personales se refuerzan unas a otras. La esperanza de que una ocasión “de locura” pueda “revelar nuevas cosas acerca de mí mismo” o “permitirme actuar con una reacción fuera de lo típico” es algo que se repite en la tradición literaria, en la cultura pop y las borracheras. Si la investigación sirve como guía, esas esperanzas deberían quedar satisfechas en algún nivel, a menos que la borrachera vaya más allá de cualquier definición razonable de exceso. Entonces la cantidad de tequila consumida tiene una gran importancia... y el veneno es veneno en cualquier cultura.

(Traducción: Gabriela Cornejo).

grg



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