13:04 El primer lugar donde los adolescentes sostienen relaciones sexuales es en casa de los padres de la novia, le sigue el automóvil y en tercero los "antros", pero lo más grave es que la mayor parte de estos encuentros ocurre sin protección alguna.
El inicio de la vida sexual se ubica ahora entre los 13 y 15
años de edad, y aunque casi 90% de los adolescentes conoce métodos para evitar el embarazo, es mínimo el porcentaje que los utiliza, explica el especialista en ginecología y obstetricia Samuel Santoyo.
Pero en este comportamiento existe una corresponsabilidad
social, por las limitantes que encuentran los jóvenes para acceder a información y a los métodos que impidan un embarazo no planeado, que casi siempre se convierte en no deseado, advierte el también coordinador del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam).
Los padres omiten hablar de sexualidad con sus hijos, los
prestadores de servicios médicos recurren al regaño cuando la jovencita solicita orientación, y la sociedad obstaculiza el acceso a métodos de planificación.
Hay pleno conocimiento de métodos, entre 70% y 90% de los jóvenes en el país distinguen entre definitivos y temporales; naturales, de barrera, intrauterinos y hormonales, según encuestas del Instituto Mexicano de la Juventud y la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (Mexfam).
El problema es que las y los adolescentes viven el momento, no planean cuándo van a tener relaciones. Aprovechan la oportunidad si se presenta en el "antro", pero no encuentran dispensadores de condones; si es en el auto o en casa de familiares, no van con un botiquín disponible, explica Santoyo.
El resultado es que del total de embarazos que se registran en México, uno de cada cuatro corresponde a una adolescente -menor de 19 años-, y si el rango de edad se amplía a los 25 se tiene que 60% de esas jóvenes enfrenta un embarazo no planeado, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud.
Para Santoyo, lo que ocurre es un total desconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos que el Fondo de Población de las Naciones Unidas señala para toda persona:
"Decidir, responsable y libremente el número de hijos, el
espaciamiento y el intervalo entre estos, y a disponer de la
información y de los medios para ello".
Si el entorno social -a través de los medios de comunicación, como internet, por ejemplo-, incide para que los adolescentes inicien cada vez a más temprana edad su vida sexual, y no reciben orientación para ejercer una sexualidad plena, se les está negando la posibilidad
de prevención.
Es común que prestadores de servicios médicos antepongan la
moral y prodiguen regaños a jovencitos que de manera consciente quieren iniciar su vida sexual, y con ello les cierran el acceso a los métodos de planificación.
La inhibición de los padres bloquea otra alternativa de
información, y a esto se suma la incapacidad social para responder a sus demandas, por lo que el dependiente de la farmacia se convierte en la mejor fuente de orientación.
"Nos balconean" con los carteles de planificación familiar que exhiben los módulos de orientación, es el señalamiento de los adolescentes.
El Instituto de las Mujeres del Distrito Federal coincide que la falta de acciones preventivas impide mantener la salud sexual y reproductiva entre las adolescentes, por falta de información suficiente y accesible, y la no previsión de las relaciones.
Además hay desconfianza para consultar con alguien autorizado, no tienen dinero para acceder a los métodos, y todavía hay que enfrentar el temor de parecer menos femenina o viril ante la pareja, o que ésta piense que ha tenido relaciones previas.
Lo que no reparan, advierte Samuel Santoyo, es que si no se le facilita el método, "ya lo dejaste desprotegido", susceptible a una enfermedad de transmisión sexual o a un embarazo no planeado que es común se convierta en no deseado.
Una situación ante la que la interrupción legal del embarazo
(ILE), que debería ser el último recurso para una adolescente que decidió vivir su sexualidad, llega a constituirse en el primero por el bloqueo al acceso a la información y a los métodos para ejercerla.
Entonces, opina Santoyo, si el dependiente de farmacia no
regaña, no cuestiona y resuelve el problema inmediato, hay que ir hasta allá, capacitarlo para que proporcione el método y sea fuente de orientación para los jóvenes.
Es el modelo Farmacia Joven, que promueve Celsam en coordinación con dependencias del sector Salud, para capacitar a los empleados de estos establecimientos, y que opera en diversas ciudades del país.
Que los dependientes tengan mayor información, que orienten a las y los adolescentes y los canalicen a instituciones y con especialistas que pueden responder mejor a sus inquietudes.
El interés es que tomen conciencia que la tercera y cuarta causa de muerte en el país, de acuerdo con la entidad de que se trate, son las complicaciones del aborto, recurso al que se llega, en gran porcentaje, por la falta de acceso a métodos de anticoncepción.
A partir de las modificaciones a la Ley de Salud y Código Penal del Distrito Federal, en la capital del país más de cinco mil mujeres han recurrido a la ILE, la mayoría casadas o en unión libre, de entre 18 y 24 años, y menos del 10 por ciento menores de edad, según datos
de la secretaría local de Salud.
Para Santoyo, lo rescatable de esta legislación es que reconoce el derecho de la mujer de tomar la decisión de lo que quiere hacer, pero advierte que el mayor éxito sería la prevención, la educación, orientación y protección para evitar embarazos no planeados que terminen en un desenlace fatal.
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