10:15 Raúl Castro, quien se encuentra en la antesala de convertirse por ley en el nuevo presidente de Cuba, ha tenido un sobrio interinato desde que su hermano Fidel le delegó sus funciones hace 19 meses.
Este domingo, la Asamblea Nacional de Cuba (Parlamento) elegirá al nuevo presidente del Consejo de Estado, cargo que Fidel Castro ocupa desde 1976 de manera ininterrumpida pero al que no aspirará más, según anunció el pasado 19 de febrero.
Críticos del gobierno sostienen, empero, que el hermano menor de Castro ha avanzado menos de lo que se esperaba desde que el líder histórico de la Revolución le delegó en forma temporal sus cargos.
Raúl ha proclamado en dos discursos en julio y diciembre pasados la necesidad de resolver varios apremiantes problemas que enfrentan sus connacionales.
En este país caribeño de 11.3 millones de habitantes, donde el periodo especial (crisis económica) aún no ha concluido, según el propio Raúl, las expectativas se respiran en el ambiente.
En un discurso autocrítico el 26 de julio pasado, instó a cambiar conceptos, prometió reformas estructurales para reactivar la agricultura e impulsó debates populares para diagnosticar los problemas de la economía cubana.
También exigió a los dirigentes "trabajar con sentido crítico y creador, sin anquilosamiento ni esquematismos".
Los cubanos, de los cuales el 70 por ciento han conocido solo un sistema de gobierno, esperan soluciones a la escasez de alimentos, penuria del transporte, falta de viviendas y bajos salarios.
Con un estilo discreto y pocos y breves discursos Raúl, un general de 76 años, ha ejercido su interinato al frente de una administración colegiada, arropado por el poder del Partido Comunista (PCC) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Sucesor constitucional en caso de ausencia, enfermedad o muerte del jefe de Estado, ha apostado por la continuidad, pero ha advertido que no imitará el estilo arrollador de su hermano.
Desde el 31 de julio de 2006, cuando asumió en forma "provisional" el gobierno, Cuba mantiene calma social sin avances políticos ni económicos sustanciales pese a que analistas le atribuyen capacidad organizativa y un rechazo a ataduras burocráticas.
En el plano social, el clima de agitación permanente -marchas y concentraciones públicas- se ha atemperado, sin que por ello haya dejado de fustigarse la beligerante política de la Casa Blanca hacia la isla.
Durante su interinato, Raúl cambió a varios ministros y en un esfuerzo por aumentar la producción de alimentos, pagó la deuda del gobierno con los pequeños agricultores y aumentó los precios que los productores reciben por la leche y la carne.
La disidencia interna mantiene sus denuncias sobre violaciones de los derechos humanos y estima que nada varió en el último año y medio, que califica como "perdido", ni deben esperarse cambios radicales a corto o mediano plazo.
Estados Unidos, al que en tres ocasiones ha propuesto discutir "en pie de igualdad" su prolongado diferendo, rechaza esas ofertas y alega que sólo tras la muerte de Fidel podrían esperarse cambios reales en la isla de gobierno socialista.
"Si ésto no cambia un poco no sé qué va a pasar" dijo a Notimex Manuel, un ingeniero eléctrico jubilado que ahora hace trabajos a domicilio y por la noche se transforma en taxista en su viejo automóvil de la era soviética.
Estados Unidos abriga pocas esperanzas de que el régimen cubano emprenda cambios democráticos bajo el mando de Raúl Castro, según el portavoz del Departamento de Estado, Tom Casey.
Para la secretaria de Estado española para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, este es "un momento en el cual (Raúl) va a poder asumir con mayor capacidad, solidez y confianza ese proceso de reformas de los que él mismo ha hablado y que se podrían empezar a materializar".
"Cuba cambió hace rato y seguirá su rumbo dialéctico", afirmó este viernes Fidel Castro, quien descartó en un artículo de prensa transformaciones como las que desean Estados Unidos (para "anexar" a la isla) y sus aliados de la Unión Europea.
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