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Castro repartió el poder

Cuba entra a una era de decisiones compartidas, luego de conocerse la renuncia de Fidel Castro al poder
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Aseguran que ante la renuncia de Fidel Castro todo seguirá igual en la Isla
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Ricardo Pascoe Pierce
El Universal

Miércoles 20 de febrero de 2008

 ricardopascoe@hotmail.com

El mensaje de renuncia de Fidel Castro es un evento público que da culminación, en cierto modo, a un largo proceso de cambio de mando en el Estado cubano.

Cuando, hace 19 meses, Castro anunció, por boca de Carlos Valenciaga, su secretario particular, que se separaba temporalmente del poder, hizo un reparto “justiciero” del poder.

Es cierto que su hermano Raúl, primer vicepresidente de la República e integrante de lo que el mismo Fidel denomina la “vieja guardia”, asumió los primeros puestos del poder en Cuba (el gobierno, el partido y el ejército), porque así lo indica la Constitución cubana.

Pero en el mismo acto repartió la administración de la economía al doctor Carlos Lage, segundo vicepresidente de la República, especialmente en el rubro energético y de la minería, que son los bastiones, junto con el turismo, de la economía cubana en la actualidad.

Es decir, desde su retiro temporal, ya estaba perfilando un nuevo mecanismo de poder: el de las decisiones compartidas entre distintos grupos de interés.

Mientras gobernaba, su autoridad política, junto con el férreo control sobre el aparato estatal, le sirvieron como divisa para asegurar que pudiera tomar las decisiones que considerara pertinentes de manera unipersonal. Por supuesto que consultaba e inquiría, pero, en última instancia, tomaba las decisiones que consideraba las necesarias, incluyendo la ejecución del general Arnaldo Ochoa, comandante de sus ejércitos en África, entre otras cosas. Era la época de las decisiones unipersonales.

Ahora se inaugura la era de las decisiones compartidas que significa, en la práctica, que ya no habrá un mando único e indivisible. Es el reconocimiento de que Raúl, aún estando en la cúspide del poder, no tiene la fuerza política que gozaba su hermano para imponer, de nueva cuenta, el sistema de decisiones unipersonales, y que tendrá, el Estado cubano, que aprender a procesar decisiones y concensuar las líneas políticas, económicas y sociales a seguir.

Una pregunta necesaria en este momento refiere a que si el Estado cubano, en todas sus manifestaciones y aparatos, tendrá la capacidad de establecer mecanismos válidos y legítimos para procesar sus decisiones sin tener que recurrir a nuevas prácticas de imposición. Es un reto difícil para un sistema político tan acostumbrado a las decisiones unipersonales, puesto que significa, en cierto modo, transitar por mecanismos más democráticos. Es parte de los procesos transiciónales que viven todas las sociedades en transformación, empezando por lo económico, atravesando lo social y arribando, finalmente, a lo político y la toma de decisiones.

Castro ha creado una clase política sofisticada y dinámica, no exenta de contradicciones y problemas. Pero es una clase política perfectamente capaz de proseguir su camino actual, con un grado importante de legitimidad ante la población cubana. El sistema político cubano no se va a colapsar con la salida de Castro de su jefatura, ni, incluso, con su muerte. La continuidad de la clase política cubana en el poder va a depender en gran medida en su capacidad para compartir el poder y las decisiones, junto con los logros de su sistema, especialmente en lo social, sabiendo que lo económico es el gran pendiente de la Revolución. También su continuidad dependerá de su capacidad de otorgarle al pueblo cubano los beneficios que reclama ahora y que tanto ha prometido su gobierno, bajo el supuesto que el sacrificio rendiría frutos en el largo plazo.

Quizá el cambio más grande, y que está próximo, es el relevo generacional en el poder. Me llamó la atención el hecho de que Castro hablara, en su mensaje de renuncia, de la existencia de una “vieja guardia”, pues no es dado a ese tipo de distinción o “separación” entre unos y otros. Pero el hecho de reconocer estas distinciones señala que el tema generacional ha cobrado importancia, probablemente mayor a lo que percibimos desde afuera. Pueden determinar grandemente el rumbo futuro de la Revolución, pues tengo la convicción de que las “jóvenes generaciones” no satanizan los cubanos que viven fuera del país, aspiran a mayores comodidades materiales y creen en Fidel, más no necesariamente en el socialismo. Existe la categoría social que denomino los “júnior de la Revolución”, que son los hijos de la “vieja guardia”. No son los Lage ni Pérez Roque, pero tienen influencia política y económica, cuyos padres son primordialmente jefes militares.

Hoy por hoy, José Martí es el héroe de Cuba, y no Carlos Marx. En el pensamiento político tanto oficial como “popular”, el nacionalismo tiene más razón de ser que el marxismo. Ese hecho puede ser determinante para las definiciones a futuro que habrá de tomar el nuevo poder compartido en el trazo del futuro de la República de Cuba.

ricardopascoe@hotmail.com


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