juan.arvizu@eluniversal.com.mxCon el respaldo de 18 organizaciones civiles, el maestro en Sociología Alfredo Figueroa Fernández presentó en noviembre pasado su solicitud para participar en el proceso de selección de tres consejeros para el Instituto Federal Electoral (IFE). “Puedo aportar a la construcción de la vida democrática”, dijo al explicar sus motivos al subcomité de auscultación en la Cámara de Diputados. Atrapó la atención de los sinodales; obtuvo la segunda calificación más alta (4.38 puntos de cinco) entre los aspirantes más competentes.
De nada sirvió. Fueron casi 80 días inciertos en una vieja historia salpicada de tropiezos y desaseo. Figueroa tuvo “clara la película”: el enfrentamiento entre liderazgos parlamentarios por “la cabeza de la institución”, lo llevó a comprobar que “no hay cosa que le cueste más al poder que delegarlo en alguien que no es del grupo (propio); es el dilema de la decisión de Estado”.