16:44 Con un lleno total y con una duración de tres horas, el cantante Alejandro Fernández abrió la noche de ayer jueves una serie de nueve conciertos que ofrecerá en el Auditorio Nacional de la ciudad de México, como parte de la celebración por sus 15 años de carrera artística.
Gabardina negra, pantalón claro ajustadísimo y botas negras fueron el atuendo que El Potrillo eligió para abrir a las 20:40 horas el concierto con A manos llenas, primer sencillo de su mas reciente producción Viento a Favor, tema que los mas de 10 mil fans -en su mayoría mujeres- ya coreaban desde su lugar.
Entre gritos y chiflidos el más pequeño de los Fernández agradeció la presencia, los aplausos y los piropos de la audiencia, al tiempo que dijo sentirse nuevamente en casa.
No llevaba ni cinco canciones cuando al entonar Canta corazón, el intérprete se despojo de la gabardina negra y un apabullante alarido se dejó escuchar en el lugar; las féminas comenzaron a bailar desde sus asientos y ya se dejaban ver cientos de luces provenientes de celulares que grababan los movimientos de cadera del Potrillo.
Después de los temas de corte pop, y tras una breve pausa musical, las notas del mariachi se dejaron escuchar para dar paso a un Alejandro ataviado en pulcro traje de charro a juego con camisa azul, el grito ensordecedor logró callar la voz del cantante que entonó la clásica Guadalajara.
Desde sus butacas, el respetable se enlazó brazo con brazo y las largas hileras se movían al compás de Mátalas, al que le siguió un popurrí del cantautor José Alfredo Jiménez y de las clásicos temas Las llaves de mi alma, Mujeres divinas y Si nuestro amor se acaba, éxitos cantados en el pasado por su padre, Vicente Fernández.
Una mujer en silla de ruedas se acercó al escenario y Alejandro se sentó en la orilla de una gran bocina para poder cantarle, tocarle la cara y besarle la mano, acto que agradeció la emocionada mujer aplaudiendo y moviendo los brazos.
Cerca de las 22:30 horas el escenario en tonos azules regaló una postal: vestido de negro, pantalón de cuero y camisa corta que dejaba ver un tatuaje en uno de los brazos, Fernández volvió a arrancar gritos y piropos al entonar Quiéreme, Abrázame y Niña amada mía, entre otros.
Luego de una oscuridad total en el interior del coloso de Reforma, iluminado sólo por una tenue luz pálida "apareció" un piano de cola negro en el centro del escenario, acto seguido el Potrillo presentó al pianista argentino Raúl Di Blasio.
El dueto ejecutó las baladas Estabas ahí y Tengo ganas, interpretaciones que logró arrancar una de las ovaciones más largas de la noche.
"Papacito","Te amo", "Hazme un hijo","Que se encuere" fueron algunos de los gritos que se dejaron escuchar durante la noche en la que el cantante preguntaba: "¿Le paramos aquí'", "¿Ustedes no tienen que trabajar mañana?".
El auditorio ya era un festín cuando Fernández interpretó y se contoneo en el popurrí de música de banda de las que destacó Mi gusto es.
El recital llegaba a su fin con mas de 30 canciones, tres horas de concierto, seis mariachis, cuatro coristas y más de 20 músicos en escena; una muestra de lo que se espera del 1 al 4 y del 6 al 9 de este mes en el Auditorio Nacional.
Sin duda, una de las tareas más difíciles de la noche la tuvieron los elementos de seguridad de la parte baja del Auditorio, la más cercana al escenario, pues les tocó contener durante todo el concierto a las chicas que corrían hacia donde cantaba el Potrillo para intentar entregarle muñecos de peluche, flores, cartas o sólo tocarlo, algunas lograron colarse.
En medio de un comunal grito de "no" el Potrillo intentó dejar en tres ocasiones el escenario, pero regresaba ya cerca de las 23:30 horas y a manera de encore entonó No sé olvidar y Si tú supieras.
"Tengo ganas de esconderme entre tu piel, volver a ser el mismo de antes en tu boca..." la voz ahora suave de un Alejandro mojado en sudor, cerraba la noche con Sueño contigo, tema que más de una se llevó como promesa de este interprete mexicano.
mzr