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En el panorama del teatro mexicano contemporáneo, la importancia de la
obra dramatúrgica de Jorge Ibargüengoitia (22 de enero de 1928-26 de noviembre
de 1983) resulta insoslayable. Radical hombre de teatro, a Ibargüengoitia lo
signó una pasión contrariada -y contrariante- por el arte escénico.
Incomprendido en su momento -y es probable que aún ahora- fue creador de una de
la expresiones dramáticas de nuestras letras de mayor mexicaneidad, yendo de
las propuestas más iconoclastas, hasta las más audaces disquisiciones críticas.
En su momento, pues también cosechó la crítica teatral, osó cuestionar la
conciencia del stablishment del teatro nacional con severidad, conocimiento y
ese agridulce sentido del humor propio de toda su obra. Pero no fue
comprendido. Empezando por evidenciar la falta de visión del propio Rodolfo
Usigli (su maestro) quien no sólo lo ninguneó dentro del grupo de sus
discípulos y después lo censuró, al considerar Ante varias esfinges (sin duda
su obra maestra) como una obra malograda. Pero el tiempo es buen amigo y ahora
se abraza a la memoria de Ibargüengoitia dándole un lugar privilegiado en el
teatro nacional, a 80 años de su natalicio.
Durante mucho tiempo el teatro ibargüengoitiano estuvo prácticamente
desconocido, el análisis escueto de su obra -o desconocimiento total en muchos
casos- y los prejuicios que como crítico ancló en derredor suyo, postergaron la
profusa investigación que merece, así como el sesudo y comprometido estudio que
su obra impone. Gran avance en este sentido se dio al publicarse -entre 1989 y
1990- tres tomos con el conjunto de su obra dramatúrgica por editorial Joaquín
Mortiz que respaldó el proyecto con el magnífico ensayo de Vicente Leñero Los
pasos de Jorge.
Y varias han sido las puestas en escena que han fincado -ya polémicas,
ya admiradas- pautas de recuperación de la obra de este genial dramaturgo
mexicano que, por desgracia, ahora no ha tenido el montaje a su altura para celebrar
la conmemoración de su nacimiento, pues era para que ya se estuvieran
anunciando por parte de la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, o en la
UNAM o la UAM, algunas de sus obras, entre el amplísimo repertorio del autor de
Susana y los jóvenes, Ante varias esfinges, La lucha con el Ángel, El Atentado...
Fue justo hace 18 años cuando se hizo un montaje institucional de una obra de
Ibargüengoitia. A finales de 1990, la Compañía Nacional de Teatro del INBA
instigó una revisión del teatro ibargüengoitiano a través de Clotilde en su
casa, dirigida por Luis de Tavira y con dramaturgia de Leñero, basándose para
la estructuración, en sus pesquisas de Los pasos de Jorge. El montaje estuvo
signado por la polémica. En el programa de mano, Leñero acotaba que Clotilde...
era una obra "que los escenarios mexicanos han desconocido inexplicable,
impúdicamente". La vena popular del teatro de Ibargüengoitia, sin embargo,
siempre ha inquietado -para bien y para mal- a nuestros creadores escénicos.
Pero, si hay un dramaturgo mexicano que pertenece por voluntad propia al
pueblo, ése es Ibargüengoitia quien diseccionó la idiosincrasia enajenada del
mexicano contemporáneo, clasemediero, por medio de un ácido humor, de pronto
deliberadamente negro.
Octavio Paz conceptualizó los personajes de Ibargüengoitia, a raíz de
Las muertas (una de las novelas capitales del siglo XX en México). Dice Paz que
los personajes de Ibargüengoitia "...están lejos de tener la complejidad de los
de Dostoieivski o Proust. Son personajes simples y, en apariencia, de una sola
pieza. Ninguno de ellos duda, ninguno reflexiona, ninguno se pregunta quién es
o por qué es como es. Sus actividades mentales están al servicio de sus
pasiones y necesidades inmediatas. Su religión se reduce a unas cuantas supersticiones;
su moral a unos pocos prejuicios. Pecan con frecuencia y con la misma facilidad
se absuelven. Sin embargo, estos rústicos, no son menos enigmáticos que un
Raskólnikov o una Odette de Crécy".
Paz parecería estar hablando de todo el común de los personajes
ibargüengoitianos. La descripción del autor de El laberinto de la soledad
parecería describir uno a uno a los personajes no sólo de Las muertas y otras
novelas, sino de comedias consubstanciales como Ante varias esfinges, El viaje
superficial, Los buenos manejos y desde luego, Susana y los jóvenes, Ante
varias esfinges y Llegó Margó. No obstante, Paz no menciona uno de los
elementos básicos en la conformación estilística de Ibargüengoitia: el sentido
del humor, sin el cual todos estos personajes no serían sino un mero patetismo
sin relevancia alguna. El humor negro resulta a todas luces imprescindible para
entender el teatro de quien renunció a la escena para entregarse a la
narrativa, a la escritura de novelas y cuentos hoy fundamentales para nuestra historia
literaria como Estas ruinas que ves, Dos crímenes y La ley de Herodes.
En 1984 el director Germán Castillo adaptó al teatro parte de la obra
narrativa del guanajuatense (Los
relámpagos de agosto, Las muertas, Los pasos de López).y, en razón del humor
ibargüengoitiano, estableció un tono que definió como "agriamente humorístico".
Castillo, quien en coautoría con Carmen Limón realizó entonces el Espectáculo
efímero para que Ibargüengoitia no descanse en paz, afirmó en relación a Las
muertas: "Lo que me fascina verdaderamente del tratamiento de Ibargüengoitia al
caso de Las poquianchis es esa distancia desenfadada que lo lleva a narrar
tales actos de increíble crueldad. Crueldad amoral, podríamos decir, pero con
la misma cotidianeidad, con la misma intrascendencia con que seguramente los
protagonistas del hecho fueron edificando esa catedral gótica del terror... El
tratamiento de Las muertas obedece más al sentido del no-asombro con que los
mexicanos hemos contemplado cíclicamente que la nación, la patria, la
identidad, se nos escurren de entre los dedos. Ibargüengoitia nos recuerda así
nuestra costumbre de convivir con el horror".
En 1991, Ludwik Margules llevó a escena Ante varias esfinges que ya
había montado en los años 80 Lola Bravo quien contaba que el dramaturgo le
entregó la obra con desconfianza por el rechazo que Rodolfo Usigli le
manifestó, con incomprensible ceguera conceptual, pues, a la postre, Ante
varias esfinges sería valorada como una absoluta obra maestra. El montaje de
Margules resultó señero.Otra puesta importante fue la de La lucha con el Ángel
-también en los 90- de Rubén Ortiz, donde Ibargüengoitia plantea que el amor es
un accesorio, aunque necesario, estorboso. La puesta de Ortiz reafirmó, como en
el caso de Margules, la razón asistida a las argumentaciones que señalan:
Ibargüengoitia, dramaturgo, no fue comprendido en su tiempo. Quizá porque su
tiempo era eterno y porque, sin saberlo, murió siendo el dramaturgo más
representativo de la idiosincrasia mexicana en el siglo XX.
(*) Dramaturgo y
crítico teatral.