J. Jaime Hernández
El Universal
Martes 22 de enero de 2008
00:01 WASHINGTON.— Tras las victorias consecutivas de Hillary en New Hamp- shire y Nevada, hoy nadie duda del papel que ha jugado su esposo, el ex presidente Bill Clinton, su más eficaz arma de disuasión masiva que le arrimó el apoyo de los latinos y que se ha embarcado en una cruzada “puerta a puerta” para asegurarle una tercera victoria consecutiva en Carolina del Sur.Convertido en el “policía malo”, que no ha dudado en atacar y desacreditar a Barack Obama, una estrella ascendente en el firmamento demócrata, a Bill Clinton no le ha impor-tado dejar de lado su aura de estadis-ta internacional para transformarse en un político marrullero capaz de echar mano de la trampa y la insidia para apuntalar la candidatura de su esposa a la nominación del partido y a la Casa Blanca.
Su papel, como reventador de apoyos en favor de Barack Obama, ha sido criticado por senadores de gran peso e influencia en el seno del Partido Demócrata, como Edward Kennedy (Massachusetts) y Rahm Emmanuel (Illinois), que le han llamado en privado para pedirle que se mantenga al margen de la contienda. El propio Obama dijo, en entrevista para la cadena televisiva ABC, que el ex presidente “ha llevado su apoyo a su esposa a niveles bastante perturbadores”.
Pero a la luz de los resultados en New Hampshire —donde lanzó una sarta de medias verdades para acusar a Obama de haber apoyado la guerra en Irak— y en Nevada, donde lanzó una eficaz campaña para denunciar las supuestas tácticas intimidatorias del sindicato culinario contra los simpatizantes de su esposa, los estrategas coinciden en señalar que, aunque arriesgada, su intervención oficiosa en favor de Hillary ha conseguido frenar la marcha ascendente de Obama.
“Es un poco frustrante ver cómo actúa”, confesó desde el anónimato un integrante de la campaña de los Clinton en la revista Newsweek. “Pero lo que nos jugamos es mucho y merece la pena que se arriesgue, si eso nos sirve para ganar la Presidencia”.
Hoy, cuando toda la atención se concentra en Carolina del Sur, trinchera de las primarias demócratas del 26 de enero, Bill Clinton se ha embarcado en una campaña “puerta tras puerta” para asegurarle el voto de los afroamericanos a su esposa Hillary: “Está empeñado en demostrar que su poder e influencia entre los electores afroamericanos es mayor que la de Obama y es posible que tenga razón”, aventuró Andrew Young, ex alcalde de Atlanta.
Sin embargo, el reagrupamiento de apoyos en favor de Barack Obama en un estado que concentra el voto negro y que, además, ha dejado al descubierto el divorcio de los electores jóvenes con los viejos aliados de Bill Clinton en el caucus demócrata negro, podría frustrar los esfuerzos de un ex presidente en busca de un ansiado retorno a la Casa Blanca.
Particularmente si, como todo parece indicar, la oleada de un creciente resentimiento entre los electores afroamericanos, por la intervención oficiosa de Bill Clinton contra Obama, se transforma en un posible voto de castigo contra su esposa.
Listos para un presidente de color
El ascenso de Obama continúa. Una encuesta de la televisora CNN reveló ayer que 72% de los estadounidenses blancos y 61% de los afroamericanos creen que el país está preparado para tener un presidente negro.
La tensión entre Hillary y Obama continuó anoche, durante un debate en el que ambos se acusaron de tergiversar, cada uno, la posición del rival. John Edwards, que también estuvo presente, se quejó de que este tipo de acusaciones no hacen nada en pro del pueblo estadounidense. Además, acusó a Clinton y Obama de apoyar acuerdos comerciales que en el pasado han demostrado ser dañinos para EU. “Carolina del Sur ha sido devastada por el NAFTA (el tratado de libre comercio con México y Canadá) y los acuerdos comerciales”, dijo. Obama reviró y criticó a Edwards por favorecer las relaciones comerciales con China y a Clinton por respaldar el NAFTA que, aseguró, “ha sido devastador”.