Un caluroso sábado de mayo, en Ciudad El Vaticano, con la cúpula de la Basílica como fondo, se lleva a cabo un partido de fútbol muy particular.
En la cancha de pasto artificial del Oratorio de San Pedro se enfrentan La Pontificia Universidad Lateranense contra el Redemptoris Mater (Red Mat, como lo
llaman sus seguidores). A pesar de que no se escuchan groserías ni insultos, el partido se ha calentado más de lo esperado y los golpes, patadas y empujones se han hecho presentes. El árbitro, que ya recetó cuatro tarjetas amarillas, tiene que salir en defensa de los jugadores: "Sí, son sacerdotes, pero una final es una final", justifica.
Se trata del último juego de la Clericus Cup, la liga del Vaticano. El equipo vencedor se llevará el trofeo consistente en un balón de plata tocado con un sombrero "Saturno" -que fue parte del uniforme obligatorio de los seminaristas hasta los años 60- y zapatos de futbolista. "Quisimos simbolizar la actitud ideal del sacerdote: tener la cabeza en el cielo y los pies sobre la tierra", explica el principal promotor de este torneo, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano y conocido en el mundo entero por su gran afición al futbol (cuando el cardenal Ratzinger fue nombrado Papa, Bertone dijo que había llegado "el Bekenbauer de la Iglesia").
En las gradas, la afición corea aclamaciones para su equipo favorito. Durante todo el torneo, el Red Mat se ha convertido en una escuadra emblemática, con mucho gracias al jugador italiano Matiocco, un goleador nato que también es seminarista. Las porras suenan distintas a las de cualquier otro estadio del mundo: "Juegue bien, juegue mal, Matiocco cardenal".
Pero en la final, el italiano está en la banca debido a una lesión. Los seminaristas latinoamericanos (de Brasil, Colombia y el más destacado, el costarricense Pedro Ugalde) han logrado que la ausencia del crack no se note. Sin embargo, en los últimos minutos del encuentro, uno de los jugadores cae frente a la portería de la Lateranense y el árbitro marca penalty. Los santos varones se desesperan, gritan, se distingue una que otra herejía que tendrá como resultado alguna penitencia.
Milagrosamente, ninguno de los árbitros ni oficiales se dio cuenta de que la falta había sido inexistente. Ugalde cobró el penal y el Red Mat se alzó con la copa.
El equipo del Señor
Marco Rosales es un seminarista mexicano, de los pocos que logran los estudios necesarios para ser enviados a especializarse al Vaticano. Pero además es el entrenador de uno de los equipos que participó en la Clericus, el Mater Ecclesiae (cuando había posibilidad de anotación, la porra gritaba ¡la Madre de la Iglesia quiere un gol!). Es uno de los más viejos (los jugadores promedian los 23 años) pues recibió el "llamado de Dios" a los 38 años, cuando decidió convertirse en sacerdote.
Marco cuenta que la idea de realizar el torneo fue del cardenal Tarcisio Bertone, quien quería con ello "reafirmar el valor educativo y pastoral del deporte, además de fortalecer los lazos de amistad y compañerismo entre los seminaristas". Según el entrenador, muchos de los jugadores (originarios de países con gran pasión por el futbol) tuvieron oportunidad de practicarlo de forma profesional, "pero el Señor los llamó a su equipo". Fue su propio caso, pues en México llegó a entrenar equipos de tercera división.
Al principio, los encuentros tenían reglas diferentes a las de los equipos profesionales. Duraban una hora y cada equipo tenía derecho a pedir un tiempo fuera para discutir su estrategia (y encomendarse a Dios). Además de tener las tradicionales tarjetas roja y amarilla, tenían una azul, utilizada cuando un jugador se ponía demasiado competitivo o malhumorado. Cuando el árbitro sacaba la tarjeta azul, el jugador era enviado a la banca para que reflexionara sobre la esencia del deporte.
Gracias a que pueden meditar al respecto y se toman el futbol como una oportunidad para convivir y divertirse, durante el torneo tanto el equipo ganador como el perdedor salían del campo alegres, cansados y estrechando las manos del contrario con verdadero espíritu deportivo.
Con el tiempo las reglas se han acercado más a las de un partido normal, pues se espera que en un futuro estos equipos tengan el "fogueo" suficiente para competir contra profesionales de la talla del Inter de Milán y, con el tiempo, el Vaticano tenga una selección nacional que pudiera competir para colarse en un campeonato mundial.
El factor mexicano
Muchos mexicanos que jugaron la Clericus cup son del equipo del Instituto María Mater Ecclesiae. Pertenecen a la orden de los Legionarios de Cristo, creada en México por Marcial Maciel.
- Jesús Nava, portero suplente
- Eriksel de la Cruz, portero titular
- César Astorga, defensa
- Pablo Soriano, jugador libre
- Jesús Esparza, lateral derecho
En el primer encuentro de la copa, el Mater jugó contra la universidad Gregoriana, un equipo integrado casi exclusivamente por brasileños. El Mater ganó 2-0.