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A patinar en el Zócalo

La monumental pista de hielo de más de 3 mil metros cuadrados quedó inaugurada anoche. Un espectáculo de patinadores, rayos láser, juegos pirotécnicos y luminarias con motivos navideños redondearon el festejo; permanecerá abierta hasta enero próximo
Video: Inauguran pista de hielo en el Zócalo
Marcelo Ebrard da el ´banderazo´ a la nueva atracción de la ciudad
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ALEJANDRO SUVERZA
El Universal

Domingo 02 de diciembre de 2007

 alejandro.suverza@eluniversal.com.mx

En “la ciudad del nunca jamás” no importa qué tan surrealistas puedan ser las imágenes de una vida. Incluso parecieran de ensueño. Aquí la realidad existirá simplemente cuando se dé vuelta a la página en blanco para dar inició a un cuento o una fábula. Y ahora en el interior del cuadro pintoresco aparecerá una muchedumbre patinando sobre hielo.

El título de esta historia, que se desarrolló en la ciudad de México, fue concebido como “Invierno en la capital”, y cinceló en su protagonista principal el nombre de don Marcelo Ebrard Casaubón, aquel personaje que en algún tiempo nada remoto hizo traer decenas de toneladas de arena y varios miles de litros de agua para simular playas en su ciudad. ¡Ah!, pero lo de hoy nada tenía que ver con los intensos calores del verano mexicano; más bien se aventuró en la dantesca tarea de crear la pista de hielo más grande del mundo. Zócalo on ice, le llamaron algunos.

Una nevada no era necesaria porque una panorámica plástica simuló una gran luna llena, árboles y nieve. Llegaba el día esperado. El 1 de diciembre de 2007, cuando la pista se inauguró en una ciudad de 9 millones de habitantes, la gran mayoría de ellos sin haber metido en su vida un pie en una zapatilla de patinaje.

Quizá por eso la idea parecía descabellada, incluso asombraba. Causó curiosidad a decenas de miles que acudieron al que se considera una de los más grandes zócalos de toda la América Latina, para mirar cómo era construida. Incluso, un sector de la sociedad se inconformó porque miraban en ella un derroche presupuestal que podría ser aprovechado en alguna otra obra más necesaria. Algunos, más indignados, dijeron que era una burla para la gente más necesitada, puesto que en palabras del protagonista de esta historia, la pista se construía precisamente para que los pobres cumplieran su ilusión de patinar sobre hielo como se hace en los países nórdicos.

Pero eso no iba lograr que don Marcelo Ebrard cesará en su empeño de plasmar el hielo en medio de cinco edificios poscoloniales, incluyendo su gran Catedral. Incluso se defendió y calmó a los quejosos cuando anunció que no se gastaría un solo peso del erario público, sino de reconocidos empresarios privados. Así que no hubo nada que alegar.

Los habitantes de “la ciudad del nunca jamás” tendrían su pista de patinaje. Llegaba el día esperado. En la plaza sonaban villancicos navideños en inglés. La orquesta sinfónica apresuraba a Juana para que no dilatara con la canasta de los cacahuates. Y más tarde se escuchaba el tema de la película 1492: La conquista del Paraíso —que trata sobre la llegada de los españoles a América— pero el que llegaba era precisamente don Marcelo Ebrard que conquistaba a la muchedumbre con su pista.

Rayos láser en verde y 59 mil luces de colores que iluminaron árboles navideños, un pesebre y ángeles que representaban el símbolo de la ciudad. La gente, entusiasmada, miraba los juegos pirotécnicos que salían del Antiguo Ayuntamiento. Después se escuchaban notas musicales de momentos culminantes, como de clímax fílmico. “No es Sarajevo, no es Canadá, es la ciudad de México”, decía un animador cuando anunciaba la participación de selecciones nacionales de México y de Estados Unidos.

Sí, de verdad era surreal ver a la Chilindrina y al Chavo del Ocho patinar; más surrealista fue mirar al alcalde Ebrard junto con su esposa Mariagna Prats sobre un largo tapete en terciopelo rojo, anunciando la inauguración con una bandera. No dijo nada, no tenía nada qué decir. La página que daba inicio al cuento o la fábula de una pista de hielo en “la cuidad del nunca jamás”, ya había sido pasada.


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