21:24 Debían ser cuatro amigos, pero faltó el más importante. A causa de a su estado de salud, el escritor Fernando del Paso no pudo asistir al evento en el que colegas de toda la vida lo iban a agasajar recordando las anécdotas que suelen nutrir lo mejor de la historia íntima de la literatura.
El primero en intervenir fue Gozalo Celorio. Con tono riguroso, el autor de Y retiemble en sus centro la tierra, se limitó a enaltecer las cualidades de la primera novela de Del Paso, José Trigo.
Recordando el gran florecimiento de la narrativa latinoamericana en los años 60 con los autores del boom, el ex director de FCE subrayó que José Trigo “participa a carta cabal del proceso de renovación de las letras latinoamericanas gracias, entre otras cosas, a que no se circunscribe a la cristiada, sino que ilumina, mediante la imaginación, las zonas oscuras de la literatura nacional, y nos entrega una historia más verdadera a la real”.
Celorio destacó que la gran aportación de Del Paso está enraizada en la exploración del lenguaje, ya que en la obra “las palabras, trabajadas en una variedad de técnicas narrativas que incluyen el testimonio, la elegía, la microhistoria y la fantasía, conforman una realidad viva, efervescente, elástica y libérrima”.
Tocó el turno a José de la Colina. Hilando con el fino humor que lo caracteriza, dijo que Del Paso era un gran mentiroso (ya que éste, en alguna ocasión, aseguró que el autor de Personerío fue su maestro literario) y se alegró por ello, ya que “esa es la única forma de ser un gran escritor”. El escritor de origen español leyó una carta dedicada a su amigo de medio siglo.
En ella recordó un lejano día de 1957, cuando Del Paso llegó a la casa ubicada en Sonora y Chapultepec, donde Antonio Montaña y De la Colina se encontraban sentados “frente a frente, tecleando nuestros párrafos proustianos que de vez en cuando nos leíamos en voz alta, cuando llegaste tu, Pepe, con unos sonetos que acababas de escribir y que, al leernos, de inmediato nos hizo advertir tu pasión por la palabra”.
El soneto era uno de los nueve que ese mismo año sería publicado por Juan José Arreola en los legendiarios Cuadernos del unicornio. “Nos extrañó que derivaras a la novela, pero luego vimos que tus novelas estaban llenos de poesía” comentó De la Colina, poniendo como ejemplo el delirante monólogo de Carlota que se encuentra en Noticias del Imperio.
Cerro el convite Elena Poniatowska. Con alegría, la escritora mexicana viajó de José Trigo a Noticias del Imperio, pero sin duda lo más emotivo fue la caracterización que hizo de su viejo amigo, al que describió “con mejillas rojizas como las manzanas de Zacatlan que desparraman las ferias, así como sus palabras se derraman en la historia de las letras, palabras que lo hacen vivir, que hacen palpitar su corazón también de manzana”.
Poniatowska rememoró la época en que conoció a Del Paso. “Fue cuando Arnaldo Orfila le pidió José Trigo para la editorial siglo XXI, que apenas arrancaba. La novela se empezó a imprimir cuando Fernando aun no la había terminado: tanta expectación causó. ‘Qué bueno –me dijo Fernando—porque de lo contrario me hubiera tardado diez años más en terminarla’”.
El poder de este “artesano de sí mismo”, concluyó la escritora, “es que nos da instrumentos para convertir a la lectura en una práctica de vuelo”.
Los aplausos finales fueron para los tres amigos reunidos, pero sobretodo para el que no estaba ahí.