08:22 El Museo de El Carmen dedica este año su ofrenda de muertos al niño Diego María Rivera Barrientos, quien al paso del tiempo se convertiría en uno de los más grandes muralistas mexicanos, al lado de David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.
El recinto, adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se suma así a la serie de conmemoraciones que con motivo del centenario del nacimiento de Frida Kahlo (1907-1954) y el medio siglo de la muerte de Diego Rivera (1886-1957) se realizan en todo el país.
Alfredo Marín, director del Museo, recordó que esa ofrenda se realiza cada año y en esta ocasión quisieron distinguirse de lo que han hecho otros recintos, al dedicar el altar al artista pero en su etapa de niño.
En la ofrenda, explicó, el visitante puede apreciar fotografías del llamado padre del movimiento muralista, en distintas edades y momentos en los que fue retratado, gracias a la cooperación de Guadalupe Rivera, hija del pintor, quien ha colaborado en la realización de esta muestra.
De acuerdo con información difundida por el INAH, Diego era conocido en su infancia como "chile bola", por picante y gordo.
La vorágine de su vida comenzó el 8 de diciembre de 1886, en el estado de Guanajuato, donde nació con su hermano gemelo Carlos María, quien murió año y medio después, dejándolo triste y solo.
"Mi padre era un niño solitario, no se relacionaba fácilmente con otros niños, además, pasaba sus días rodeado de adultos así que se refugiaba en pintar todo lo que estaba a su alcance, desde locomotoras de vapor, maquinistas y paisajes en un cuarto que mi abuelo le había acondicionado con pizarrones y tizas de colores", recordó la hija del pintor.
Las experiencias poco comunes que vivió en su infancia fueron suficientes para marcarlo de por vida y fincar los cimientos del carácter e ideología que lo distinguieron a lo largo de los años entre los círculos artísticos y políticos a los que perteneció.
Un ejemplo de lo anterior fue la visita que hizo con su padre a una de las minas que poseía la familia, en donde presenció una de las mayores huelgas mineras ocurridas en Guanajuato.
Allí se dio cuenta de las condiciones de pobreza que imperaban entre los operarios, peones y jornaleros del campo, así como de los mineros huelguistas, hechos que dejaron una huella imborrable en su memoria y que plasmaría años después en sus murales.
Se sabe que sus primeras experiencias escolares fueron contradictorias: su padre lo inscribe en una escuela laica, con una matrícula de profesores socialistas, suceso que contrapuntea con la escuela jesuita a la que es incorporado tiempo después por su madre.
En ambas experiencias académicas aprende más francés que español y obtiene la Medalla de Oro por su destacado desempeño como dibujante. Posteriormente se enfrenta a una de las decisiones más importantes que debía tomar, desafiando los deseos de su padre.
Por órdenes de éste, ingresa al Colegio Militar del cual escapa a los pocos días para seguir sus estudios en la Academia de Bellas Artes, con la ayuda de su tía Emilia, hermana de su papá y esposa del político José Natividad Macías. Es así como comienza la carrera artística y contestataria que se conoce de Rivera.
Por todo lo anterior y por tantas otras cosas que biógrafos e historiadores han escrito y dicho acerca de la figura del maestro Diego Rivera, se honra la memoria infantil del artista con un altar de día de muertos que estará hasta mediados del mes de noviembre en las instalaciones del Museo de El Carmen, ubicado en avenida Revolución esquina con Monasterio, en San Angel.
mzr