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Una Reina de bajo perfil y un Tigre esotérico

Desde hace 15 años Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, estaba encargada de administrar el tráfico de cocaína de Colombia a México por la vía marítima; en 2002 eligió el “anonimato” en una colonia de clase media, sin abandonar las diarias visitas al salón de belleza, las comidas en los mejores restaurantes o conducir su BMW

Los hombres que han amado a Sandra Ávila Beltrán "La Reina del Pacífico” siempre acabaron en la cárcel o víctimas del plomo de los contrarios. (Foto: Archivo /EL UNIVERSAL )

Ciudad de México | Viernes 05 de octubre de 2007 Silvia Otero | El Universal

silvia.otero@eluniversal.com.mx

Algo tienen los hombres que fijan sus ojos en La Reina que terminan mal. Narcos o policías,amantes o esposos, da lo mismo: siempre acabaron en la cárcel o víctimas del plomo de los contrarios.

Esta vez, ella corrió con la misma suerte. Espera su extradición a Estados Unidos, en una celda aislada, vigilada por custodios y cámaras de circuito cerrado.

En la prisión capitalina de Santa Martha Acatitla, ya no es más la soberana admirada por capos legendarios como Ismael El Mayo Zambada, hombre al que, aseguran las autoridades federales, asesoró en los negocios y lo relacionó con los capos colombianos del cártel del Valle del Norte.

Aunque en los últimos cinco años, Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, acostumbrada al lujo y poder, optó por el “anonimato”, no dejó su vida de gustos caros, sus visitas diarias al salón de belleza, comidas en restaurantes de Polanco, ni de conducir su BMW.

Mientras su nombre y su rostro —junto con los de su novio, el narcotraficante colombiano Juan Diego Espinosa Ramírez, El Tigre, aparecían entre los más buscados por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA), la pareja vivía en una zona de clase media: avenida San Bernabé 265, colonia Olivar de los Padres, delegación Álvaro Obregón.

No olvidó su papel de los últimos años, ni siquiera después de ser detenida el 28 de septiembre— después de tomar un café en el Vip’s de San Jerónimo, sin escolta—. Coqueta y sonriente ante la cámara que la filmaba y el agente que la interrogaba, esta mujer de 45 años, originaria de Tijuana, Baja California, aseguró ser ama de casa, comerciante: “Vendo ropa, casas”, dijo.

—¿Por qué la detuvieron?

—Por una orden de extradición a Estados Unidos —respondió sin titubeos.

Sí, era comerciante. A los 30 años, sus dotes la llevaron a administrar el trasiego de los cargamentos de cocaína de Colombia a México vía marítima, que le ganaron su mote: La Reina del Pacífico.

Se convirtió en el enlace entre los capos colombianos y los cárteles de Juárez y Sinaloa, de acuerdo con las acusaciones de la Procuraduría General de la República (PGR), que ahora tendrá que acreditar ante los tribunales.

Esta sobrina nieta del capo Juan José Quintero Payán —extraditado en enero pasado a Estados Unidos—, y familiar de Rafael Caro Quintero y de Miguel Ángel Félix Gallardo, forjó su propia leyenda en el mundo del narcotráfico al ser señalada por las autoridades como una de las pocas mujeres con liderazgo en organizaciones criminales internacionales.

En su pasado estuvo casada en Sinaloa con el comandante de la Policía Judicial Federal, José Luis Fuentes, quien fue ejecutado.

Más tarde contrajo nuevas nupcias con Rodolfo López Amavizca, comandante del desaparecido Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, quien también fue ejecutado en 2000 por un comando en un hotel de Hermosillo, Sonora, aunque se asegura que para ese momento ella ya era pareja de El Tigre.

Para Sandra Ávila 2002 fue un año que dejó una marca indeleble.

Entonces manejaba un perfil de próspera empresaria como socia de una empresa de camas de bronceado en Jalisco, conocida como Electric Beach, y del Consorcio Inmobiliario Promotores, en Sonora, donde adquirió más de 200 predios.

En ese año, su único hijo fue secuestrado por 17 días y en una acción desesperada, la mujer solicitó ayuda de la policía.

En 2002, La PGR aseguró sus predios luego de que su nombre se asoció a un cargamento de 9.5 toneladas de cocaína pura, que fue detectado en diciembre de 2001 en Manzanillo, Colima.

Fue precisamente, entonces cuando salió a la luz La Reina del Pacífico.



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