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Doctor Mario Molina, Premio Nóbel de Química y orgullo de México;
Sr. Arie Hoekman, represente de la
Organización de Naciones Unidas en México;
Embajador Enrique Berruga, ex representante de México
ante las Naciones Unidas;
Señoras y señores;
Jóvenes universitarios;
Amigos todos:
Representa una
especial satisfacción para todos aquellos que laboramos en EL UNIVERSAL apoyar estos
trabajos que reúnen el esfuerzo de diversas
instituciones y personalidades, con el entusiasmo de todos ustedes, en los que
reconocemos a un grupo representativo de la juventud mexicana, con empuje y
compromiso.
La casa periodística
que me honro en presidir desde hace casi 38 años, tiene desde su fundación, hace
justo 91 años, una misión que busca cumplir día con día. Esta misión se
expresa, desde luego, en nuestro trabajo informativo cotidiano y en la
preservación de una fuente de trabajo de la que dependen, directa o
indirectamente, miles de familias.
Sin embargo, consideramos que nuestra tarea es también, muy
notablemente, acompañar a la comunidad y a la nación en sus mejores causas,
buscando la mejoría de la sociedad en su conjunto.
El tema de las jornadas que nos reúnen en esta
oportunidad es por todos conocido: el cambio climático. Sus manifestaciones nos
impresionan cada día más: inusitadas olas de calor, frentes fríos en verano,
huracanes de enorme peligro, deshielo en los polos, aumento del agua nivel del
mar. Todo esto no es ya más una historia de ciencia ficción.
Más de 6
mil millones de seres humanos habitamos este planeta. Nuestra actividad, desde
el consumo cotidiano de energía al encender el televisor o el automóvil, hasta
la labor de la gran industria, influye de uno u otro modo en el deterioro del
medio ambiente mundial.
He ahí,
pues, nuestra primera responsabilidad: reconocer que la actividad humana, en
sus distintas variantes, es la causante del cambio en el clima de la Tierra,
por lo que debemos buscar que los avances científicos y tecnológicos adopten un
modelo más amigable y sustentable con la naturaleza.
Lo que
yo quisiera subrayar esta mañana es mi convicción de que lo que hagamos o
dejemos de hacer como individuos y como comunidad tendrá consecuencias en el
futuro, en las diversas facetas de nuestra vida.
Estoy de
acuerdo con diversos autores que imaginan la existencia de varias dimensiones
de la ecología. Una es la que todos conocemos, el conocimiento y el respeto por
el equilibrio entre las fuerzas del hombre y la naturaleza.
Para
podemos hablar de otra ecología, la social. Un equilibrio en el cual sólo
podemos aspirar a la prosperidad y la seguridad si matizamos los extremos de
pobreza y de injusticia que sufren nuestros semejantes. E incluso podemos
pensar en la ecología individual y familiar, pues si no nos respetamos a
nosotros mismos, a nuestro cuerpo y a nuestro espíritu; si no respetamos a los
nuestros, a los que nos aman, difícilmente encontraremos equilibrio en el mundo
exterior, ni podremos ser actores en las soluciones que debemos construir entre
todos.
En ese
sentido, resulta en verdad alentador para EL UNIVERSAL observar a los cientos
de jóvenes reunidos en este auditorio por una preocupación y un esfuerzo común:
dar la cara al cambio climático, que es dar la cara a la vida y a sus retos.
Al ser
el cambio climático un problema global, qué mejor espacio para discutir su
origen y sus posibles soluciones que este foro, la Organización de las Naciones
Unidas, y con ustedes de actores: los jóvenes, que deberán enfrentar este reto
desde los ámbitos de la academia, la investigación científica y la política.
Qué mejor que sean ustedes mismos los que, desde ahora, se den a la tarea de
reflexionar al respecto y de aprender a negociar local e internacionalmente
para atender un tema central de su generación.
Es un
privilegio contar con la presencia, la generosidad y los consejos del doctor
Mario Molina, un ser humano excepcional. Le agradecemos su ayuda enormemente.
Apreciamos
igualmente el apoyo y la inspiración de la Organización de las Naciones Unidas,
de sus representantes en México, y de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que
nos ha facilitado estos recintos espléndidos que dan mayor realce a este
encuentro. Reconocemos de igual manera a las empresas que han sumado su
entusiasmo para este proyecto.
No
podríamos haber imaginado mejor forma de iniciar nuestros festejos por el 91
aniversario de EL UNIVERSAL que este encuentro con jóvenes mexicanos, en los
que encontramos los motivos para nuestro empeño diario y para continuar
participando en la construcción colectiva de nuestro futuro.
Mucha
suerte a todos.
Muchas
gracias.
gv/mgg