08:20 El enviado de las Naciones Unidas, Ibrahim Gambari, llegó el sábado a Myanmar en busca de convencer a la junta militar de que termine con la represión a los manifestantes opositores, que demandan un fin a 45 años de régimen de las fuerzas armadas.
Mientras tanto, las calles que habían sido escenario de violentos operativos de represión permanecían en calma. En casi todas las esquinas de las dos ciudades más importantes del país, Yangón y Mandalay, había soldados.
Gambari llegó por la tarde al aeropuerto de Yangón y mantuvo un primer encuentro con funcionarios de la ONU, de acuerdo con un comunicado de la organización. ``Después de una serie de conversaciones en el aeropuerto, viajó a Naypitaw``, donde están los líderes militares del país, agregó el comunicado.
Algunos diplomáticos occidentales manifestaron que el programa de actividades de Gambari fue fijado por el gobierno y probablemente no incluirá encuentros con líderes opositores, entre ellos la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu, que se encuentra bajo arresto domiciliario.
El enviado tenía confianza. ``Espero reunirme con toda la gente que necesito reunirme``, expresó Gambari a la prensa antes de abordar en Singapur el avión que lo trajo a Myanmar.
Las protestas diarias comenzaron el mes pasado y se han convertido en uno de los mayores desafíos que ha enfrentado el gobierno militar en décadas. En un principio las iniciaron personas que manifestaban por los incrementos del precio de los combustibles, pero luego que se unieron los monjes budistas llegaron a reunir a decenas de miles de personas.
En la ONU, el canciller de Singapur George Yeo dijo que la visita de Gambari era fundamental.
``Si él fracasa, la situación podría convertirse en algo atroz``, sostuvo. Agregó que creía que la junta ``se contendrá`` de realizar operativos represivos durante la visita de Gambari.
Consideró que si Gambari puede ``ayudarlos a lograr la reconciliación nacional, eso tendría un valor enorme``.
Pero algunos manifestantes no creían que la situación fuera a mejorar.
``No creo que tengamos esperanzas de ganar``, manifestó una joven que participó en una multitudinaria protesta que fue dispersada el jueves cuando los soldados efectuaron disparos contra los manifestantes. La mujer fue separada de su novio y desde entonces no lo ha visto.
``Los monjes son los que nos dan valentía``, indicó refiriéndose a los clérigos budistas que han liderado las protestas de esta semana y los últimos años. Muchos de ellos se encuentran actualmente asediados en sus monasterios, custodiados desde afuera por los soldados.
La junta comenzó con la represión el miércoles, cuando se reportó la primera de al menos 10 muertes de opositores. El operativo de represión prosiguió el jueves, con disparos y golpizas a los manifestantes.
Pequeños grupos de activistas y ciudadanos han seguido con las manifestaciones desde entonces. Pero el sábado, pocas personas de Yangon y Mandalay salían de sus casas.
Aunque Myanmar es una nación rica en recursos naturales, el 90% de sus 54 millones de habitantes vive con menos de un dólar al día.
sgf