14:40 La mexicana Elvira Arellano, quien permaneció refugiada casi un año en una iglesia metodista de Chicago para evitar ser deportada, advirtió que con su repatriación no termina la guerra para que Estados Unidos reconozca el derecho de las familias de permanecer juntas y de obtener un estatus migratorio legal en ese país.
Explicó que junto con su hijo Saúl, de ocho años, decidirá si el pequeño se une a la lucha y se queda a vivir en México o en Michoacán, la tierra natal de Elvira, o bien, regresa a Chicago donde quedó a cargo de una activista.
Entrevistada en un domicilio propiedad de familiares de los activistas que la apoyaron en el vecino país, acusó que las autoridades estadounidenses la trataron como una amenaza, por lo que durante su arresto la tarde del domingo se hizo de manera acelerada.
Aseguró que en las primeras horas después de su detención cuando decidió salir de una ‘iglesia santuario’ en la ciudad de Los Angeles a una plaza pública, se le negó el derecho a contactar a representantes de la embajada mexicana, sin embargo, funcionarios consulares intervinieron ante las protestas que se generaron luego de la acción y fue entonces cuando pudo platicar con los representantes mexicanos.
Con actitud serena, la joven de 32 años de edad consideró un derecho humano que cualquier persona busque alternativas para mejorar la vida de su familia, por lo que justificó la migración hacia países extranjeros y en el caso de la relación México-Estados Unidos consideró que las condiciones de los connacionales en ese país han empeorado desde que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio.
Opinó que el gobierno mexicano debe negociar mejores condiciones para sus connacionales en el país del norte, con esfuerzos similares a los que hace para llegar a acuerdos comerciales.
cvtp