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Tianguis de armas, todo al alcance de la mano

En menos de mil dólares y sin restricciones, decenas de personas compran y venden en Arizona o California desde AK-47 (cuerno de chivo), hasta rifles de asalto AR-15 en bodegas-bazar o exposiciones

Armas de alto poder nuevas y usadas pueden comprarse sin problemas en el poblado de Kingman, en Arizona. (Foto: Luis Cortés /EL UNIVERSAL )

Miércoles 08 de agosto de 2007 ALEJANDRO SUVERZA | El Universal

TIJUANA, BC.— Como si se tratara de un tianguis de frutas y verduras, decenas de personas compran y venden cuernos de chivo (AK-47) en menos de mil dólares, y rifles de asalto AR-15 nuevos desde 825 dólares. En esta bodega-bazar, ubicada en el poblado Kingman, en el norte de Arizona, comienza uno de los eslabones del mercado de armas. Una Beretta 9 mm cuesta 495 dólares; una Taurus 38 súper, 519; una 357 Magnum, 309 dólares; silenciadores, entre 300 y 500 dólares. Si los rifles de asalto son usados, se pueden comprar hasta en 700 dólares.

La pasión por las armas llega a tal grado que en 50 de los 52 fines de semana del año se instalan exposiciones y hay venta de armamento en Arizona.

En California las armerías abundan. Ese armamento no tarda mucho en bajar hacia México. Según datos de la Oficina de Enlace Internacional entre autoridades de Tijuana y San Diego, más de 80% del armamento asegurado en Baja California es robado en ciudades y poblados del sur de Estados Unidos.

Tijuana es el termómetro de lo que ocurre en el país. Es uno de los puntos fronterizos por dónde pistolas, ametralladoras y rifles se escurren hacia todo el territorio nacional. Los cárteles de la droga y la delincuencia organizada dan cuenta de ello. Largas, cortas y cargadores de todos los calibres ahora se miran en los enfrentamientos en los que la guerra por las plazas de Monterrey, Nuevo León, Tabasco, Michoacán y los puertos de Veracruz y Acapulco se recrudece.

En el sexenio del presidente Vicente Fox ingresaron más de 4 millones de armas de fuego, pero sólo 8 mil 88 fueron aseguradas a los cárteles y la delincuencia organizada. Lanzacohetes, rifles de asalto AK-47 y AR-15, ametralladoras barrel calibre .50 y fusiles como los que se pueden comprar en Arizona.

Hace casi dos meses, una pistola que dispara balas calibre .223 capaces de atravesar chalecos antibalas, fue asegurada en un asalto que supuestos estudiantes de la Universidad Iberoamericana perpetraron contra una compañía telefónica en Tijuana, Baja California. El mismo tipo de escuadra había sido boletinada por las autoridades de Ohio el año pasado cuando en un tiroteo los policías estadounidenses quedaron boquiabiertos al ver los huecos que las balas dejaron en sus patrullas.

Poco puede hacerse en este territorio fronterizo donde las drogas suben y las armas bajan. “No hay nada oculto, no pasan por el cerro o por el aire, pasan por la aduana. El contrabando hormiga definitivamente es por ahí. Pandilleros de la Mara 18 son los que se encargan de ponerlas en las calles mexicanas. Ellos son los que surten al crimen organizado. Son los que se encargan de recabar todo el armamento en las calles de Estados Unidos y luego las venden o lo cambian por droga en México”, dice el jefe encargado de la Oficina de Enlace Internacional de la Policía Estatal Preventiva de Baja California, Rodolfo Luna Herrera.

En la frontera de ese estado, donde hay cinco garitas de revisión, al día pasan por los menos 70 mil vehículos y en promedio sólo mil de éstos son revisados por las autoridades aduanales. Se han decomisado armas en operativos especiales organizados por el gobierno federal en combinación con los gobiernos locales, pero han sido muy pocas. Según datos de la Policía Estatal Preventiva, desde el 3 de enero de este año a mediados de junio aseguraron 194, entre pistolas y rifles, y 10 mil 444 cartuchos en Baja California.

Carlos Alberto Flores, director de la Policía Estatal Preventiva, con sede en Mexicali, dice que en Estados Unidos la oferta es tan grande, que en los tianguis de Arizona puedes comprar cargadores hasta con 100 tiros, además de ametralladoras y fusiles de asalto. Aunque reconoce que en California las leyes son más rigurosas.

La derrama de armamento hacia México es tan vasta que sólo en un mes en operativos conjuntos para prevenir la delincuencia se aseguraron 14 armas largas, una escopeta, 73 cargadores, dos silenciadores y uniformes de la AFI. La policía percibe que el número de armas detectadas en la ciudad es mayor en comparación con el que es asegurado. En los primeros días de junio detuvieron a un joven de 21 años cuando le tocó el semáforo aduanal en rojo. Llevaba un AK-47, un AR-15 y dos escopetas. Dijo que las llevaba a un rancho.

Un policía que coordina un recorrido como parte del Programa de Seguridad de la administración del presidente Felipe Calderón asegura que todos los que son detenidos por portación ilegal de arma argumentan que las acababan de comprar a un sujeto que estaba en una esquina. Los precios en la frontera coinciden con los del tianguis de Arizona: entre 5 mil pesos las cortas y 7 mil por las de largo alcance. “Siempre, siempre, dicen lo mismo”, dice el oficial.

Las autoridades de México y Estados Unidos hacen esfuerzos para frenar el tráfico de armas. Desde el año 2000 se reúnen mensualmente para intercambiar información. La Policía de Tijuana puede hacer uso de los laboratorios de análisis en balística y utilizan la base de datos no sólo de San Diego, sino de Washington, y puede ingresar el registro de un arma en el Buró Federal de Investigaciones y en el Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (FBI y ATF, por sus siglas en inglés, respectivamente).

Pero el armamento está en las calles y en las casas de los estadounidenses que habitan el sur de Estados Unidos. Algunos, por su afición a ellas, se vuelven presas apetecibles.

En 2004 una pistola 9 mm, decomisada en Tijuana, que estaba reportada como robada resultó pertenecer a un hombre jubilado que era coleccionista. Cuando las autoridades de ambos países se trasladaron a la casa del propietario en Los Ángeles, el estadounidense les confirmó que habían asaltado su casa y se habían llevado 40 armas, entre ellas, ametralladoras M-1 y M-16.

“Ha habido incluso reportes de asaltos a armerías de California y de gente que le robaron y ni siquiera se había dado cuenta, cuando esto ocurre y no lo reportaron sólo se hacen acreedores a una multa”, explica el jefe de enlace Rodolfo Luna.

En la oficina de Enlace Internacional se miran fichas de tres ciudadanos de Estados Unidos, dos de ellos latinos, que en 2006 fueron detenidos en Tijuana porque la justicia estadounidense los requería por el delito de venta de armas en ese país. Uno de ellos había sido ubicado cuando entregó una pistola a cambio de droga en un “picadero” de heroína sobre la línea fronteriza.

En México, el tráfico de armamento es el segundo delito en importancia, por debajo del tráfico de droga, según la Unidad Especializada de Lucha contra el Tráfico de Armas y Municiones de la PGR. Rebecca Peters, directora de la Red Internacional contra el Tráfico de Armas Ligeras, ha asegurado que es imposible contar con cifras exactas por el hermetismo oficial. Las autoridades de la Procuraduría General de la República aseguran que no han detectado ninguna banda o cártel dedicado a introducir armamento. El problema es el tráfico hormiga.

Las aduanas mexicanas continúan bajo la lupa de la corrupción. Hace más de dos meses, un informe de la Comisión de la Defensa Nacional en la Cámara de Diputados aseguró que diariamente entraban 2 mil armas al país por las aduanas. “Difícilmente esa cantidad puede pasar por las garitas. Es un dato interesante, hay que ver de dónde lo sacaron. Difícilmente se va a prestar la autoridad para hacer eso, por todo lo que representa meterse en ese conflicto”, dijo Javier Salazar Mariscal, el administrador de aduanas de Sonora.

Cuauhtémoc Sandoval, de la Comisión de la Defensa Nacional, fue al grano: “Con este armamento, el narcotráfico rebasa a las policías estatales, municipales, incluso a las federales”. El administrador central de Investigación Aduanera, Joaquín Arenal, había denunciado en 2006 que su personal recibió amenazas e incluso disparos en un punto fronterizo. El año pasado en México, más de 2 mil personas fueron ejecutadas con armas de fuego y todo apunta en 2007 la cifra será superada.

Los esfuerzos para desarmar a la población se hacen, pero no son suficientes. Por ejemplo, en Tijuana, el gobierno de Baja California, en coordinación con el Ejército mexicano, lleva a cabo la Campaña Estatal de Donación de Armas de Fuego y Explosivos. La gente entrega la suya a cambio mil pesos en vales de despensa. Hasta el 20 de junio de 2007 habían sido recabadas mil 571. El capitán Baldovinos, encargado del 28 batallón de infantería de la segunda región, dice: “La verdad, la mayoría de las que se recaban son muy antiguas. Tienen el arma porque se las heredó su papá. Normalmente alguien que trae una ilegal no va a pasar por aquí. Tenemos ese problema”. En el DF donde las armas se intercambian por dinero en efectivo, hasta abril se habían recolectado 338; la única que resaltó fue una carabina revolucionaria 30-30.

El presidente del Comité Ciudadano de Seguridad Pública, Carlos Rubio, dice que la campaña es sólo una parte de la prevención, porque las armas que se donan no pertenecen al crimen organizado. “En el tiempo que llevan, yo no he visto ningún cuerno de chivo o un rifle largo. El problema principal es que no sólo se quedan en Tijuana, también van para abajo. Todo comienza desde que los migrantes mexicanos traen a México pistolas o rifles como regalos para sus familiares. Ese es el más inocente de los contrabandos”.

Rodolfo Luna dice que la solución tiene que venir de EU: “Ellos son los que tienen que detener la venta de armas en su país”.

Si la verdadera recopilación no funciona, la de juguetes bélicos ha sido un éxito. En el Centro de Artes Mexicali, una escultura gigante construida con pistolas, rifles y ametralladoras de plástico queda como prueba palpable de una sociedad que ha sido dañada brutalmente por el tráfico de armamento. Los niños bajacalifornianos han recibido balones de basquetbol, de futbol y juegos de mesa a cambio de sus armas plásticas.



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