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Sobreviven en un mercado murales de discípulos de Diego Rivera

Situados en las entradas principales del mercado Abelardo L. Rodríguez forman parte de la mezcla de estilos del inmueble; entre los muralista destacan Pablo O'Higgins y Ángel Bracho

Los discípulos de Rivera trabajaron bajo la premisa de llevar el arte al pueblo. (Foto: Archivo/ELUNIVERSAL )

Ciudad de México | Miércoles 27 de junio de 2007 EFE | El Universal09:20

Entre puestos de jugos, carne, fritanga, muñecas, cerrajerías y demás negocios que se encuentran en un popular mercado de la capital mexicana, sobreviven unos murales pintados hace siete décadas por discípulos de Diego Rivera.

El mercado Abelardo L. Rodríguez, nombre del presidente de México cuyo mandato duró dos años y quien lo inauguró el 24 de noviembre de 1934, está en pleno centro de la capital.

Situado en el antiguo colegio jesuita San Gregorio, donde se ubican el Teatro del Pueblo, una escuela, una biblioteca y un centro comunitario cívico, presenta una gran mezcla de estilos arquitectónicos, neocolonial, neoclásico, art deco y belle epoque, entre otros.

Pero lo más llamativo son sin duda estos murales situados en las entradas principales, vestíbulos, patios y pasillos del mercado.

Bajo la dirección del muralista Diego Rivera, se trabajaron 1.343 metros cuadrados al fresco y 157 metros cuadrados al temple, y a cada artista se le pagó 13,50 pesos (3,75 dólares al cambio de entonces) por metro cuadrado pintado.

Los diez muralistas que intervinieron en el proyecto, seis mexicanos entre los que destacan Ángel Bracho, tres estadounidenses, el más conocido de los cuales es Pablo O'Higgins, y el japonés Isamu Noguchi, trabajaron bajo la premisa de llevar el arte al pueblo.

Los temas de sus obras son de un claro carácter socialista, como muestra de los afanes del gobierno por estampar los beneficios de la Revolución Mexicana de 1910.

La explotación de obreros, campesinos y mineros, la lucha contra el nazismo y el fascismo, y la discriminación racial, son algunas de las críticas reflejadas en las pinturas.

Noguchi realizó además en el primer piso una escultura de pared combinada con pintura donde aborda La historia de México y se ven puños, esvásticas, esqueletos y hasta la fórmula de Einstein sobre la energía.

Los murales padecen una "guerra" burocrática en la que distintas instituciones se acusan mutuamente de ser las responsables de su protección y no hacer nada, mientras dicen que están atadas de manos por la indefinición de la custodia.

Una fuente del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) dijo que los murales están muy deteriorados, pero que la institución no puede hacer nada porque las pinturas no están bajo su responsabilidad, sino a cargo del gobierno capitalino y del propio mercado.

Sin embargo, la coordinadora de Patrimonio Histórico del gobierno del Distrito Federal, Guadalupe Lozada, aseguró que el INBA sí tiene la custodia sobre los murales porque, por ley, deben cuidar y proteger la obra artística en México del siglo XX.

Aun así, reconoció la preocupación del gobierno local por estos murales y aseguró que hay un plan diseñado para su rescate sin necesidad de sacarlos del mercado, pero que falta financiación.

En la dirección del mercado atribuyen los motivos del deterioro al tiempo, la humedad, la sequedad y al vandalismo.

En 1998 se unieron los arrendatarios del mercado para crear un patronato para restaurar los murales y que se incluyeran en las rutas turísticas del centro histórico capitalino, patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Aunque el proyecto nunca salió adelante, ahora, aseguran, lo están retomando. Uno de los trabajadores del mercado explicó que cuando pusieron unas mamparas sobre algunos murales para protegerlos, desde la delegación municipal se les "echaron encima" y les dijeron que no tenían autoridad para intervenir.

Según Lozada, las mamparas de mica acrílica no permitían "respirar" a los murales y eso los perjudicaba.

Otra tendera dijo que lo único que pueden hacer es evitar que los niños jueguen a la pelota contra los murales, y que tampoco se apoyen mercancías sobre las pinturas.

Otro comerciante se quejó de que nadie atiende a los murales, porque "la gente no tiene sentido del valor del arte", la mitad de los trabajadores del mercado no sabe "ni quién los pintó", y muchos piensan que son de Diego Rivera.

Mientras se ponen de acuerdo entre unos y otros y encuentran la financiación, las pinturas, que han visto transcurrir más de setenta años en esas paredes, siguen sufriendo humedades, grietas, la grasa que salta de los puestos de comida del mercado, grafitis y vandalismo.

mzr/mgg



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