Gustavo Silva G.
El Universal
Ciudad de México
Sábado 09 de junio de 2007
La música equilibra a los jóvenes. Las diferencias sociales se extinguen entre las voces que al mismo tiempo cantan una “rola”. Gustavo de la Vega Shiota, doctor en sociología, comenta que los jóvenes de escasos recursos tienden a escuchar géneros musicales como rock urbano, heavy metal y hip hop, a los cuales también recurren los chavos "fresas", provenientes de familias disfuncionales o que sienten algún tipo de inconformidad.
“Este tipo de música, por su composición y estructura es estridente, no es sutil, porque justamente obedece a la misma situación que viven ellos. Son válvulas de escape que requiere el joven para liberar la angustia, el coraje, el rechazo. La música y sus letras no pueden ser sublimes; no invitan a la ternura porque eso no hay en su corazón. En su pensamiento hay rabia, coraje; de ahí también su gusto de vestir y peinarse de determinada manera", explica el catedrático de la UNAM.
En centros de expresión artística como el Foro Alicia, la discriminación de se desvanece al ritmo de la música, del sudor de los cuerpos y las cervezas, como si se estuviera viendo en “un mundo ideal, pero que no es real” ya que al salir de éste espacio los jóvenes regresan a un entorno plagado de desigualdades.
El especialista dice que "La opulencia siempre es provocadora para quien vive en la miseria, les hace cuestionarse sobre su situación actual; los estereotipos tienen un propósito, ejercen fuerte influencia. La forma más elemental de la justicia es la que se hace con la propia mano.
“Entonces, si yo soy un joven proletario que no tiene acceso a formas de consumo, de diversión, que pertenece otros grupos de mi misma edad, el día que encuentre un carro de lujo, que funge como el símbolo de la opulencia y como el símbolo de mi miseria, podría reaccionar negativamente al experimentar un sentimiento acumulado de coraje, angustia, frustración; podría llegar al suicidio" añade el catedrático de la Universidad Autónoma de México (UNAM).
Al respecto, Pepe Navar, especialista en música, dice: "A las disqueras no les interesan tampoco los pobres, por eso no hay mucho material de dónde escoger para ellos; lo que se hace es subterráneo. El chico banda se identifica con ciertos artistas underground como por ejemplo Capitán Pijama, porque es como ellos, chavos que no tiene una vida fácil y que escriben sobre lo que les pasa".
Metal y fe
Para los jóvenes que buscan ayuda espiritual para salir del "hoyo", la religión juega un papel importante. "La iglesia, sobre todo los ministros deben de tener un cambio de mentalidad porque si se mantiene vieja, anciana y no utiliza nuevos métodos, por ejemplo, en la música, con nuevos ritmos y cosas así, se puede quedar fuera... mucha gente se aburre en misa, se duerme.
"Sí, es válido que grupos utilicen la música para evangelizar, para llevar un mensaje totalmente distinto a la gente que los está escuchando, siempre y cuando sigan una normatividad religiosa", indicó el padre José de Jesús, al referirse a agrupaciones como Exousia, banda de heavy metal que cada fin de semana realiza actos cristianos mientras da un concierto para que los marginados y "fresas" encuentren una alternativa a sus problemas.
"No somos una secta; somos un movimiento que poco a poco ha llamada más la atención de los jóvenes. La idea es manifestarles, a través de Alcance Subterráneo, (que surgió en 1998) una propuesta diferente porque desgraciadamente la mayoría de las cosas que se les ofrece ahorita están ligadas drogas, alcohol, ocultismo, cosas destructivas. Esto no es un negocio; no cobramos cuotas... Nosotros les damos información y ya la gente escoge el camino que considera es mejor; también aquí viene mucho chavo bien, fresas", comenta Miguel Martínez, guitarrista y líder de Exousia.
El doctor Gustavo de la Vega Shiota opina que para resolver conflictos de desigualdades y problemas de criminalidad, las autoridades y asociaciones deben consultar a los diversos sectores sociales, para “tener un reconocimiento y legitimida, en estos momentos no lo hay. Y hay que decirlo, no es un problema sólo nuestro, sino que es un problema mundial, por eso se vuelve más complejo”.