Humberto Morgan Colón, un hombre alto y corpulento, es un diputado local que milita en el PRD. Pero no siempre fue así. Hace tiempo perteneció a la famosa pandilla o banda Los Panchitos y hubo tiempos en que fue asediado por la policía, estigmatizado por los medios y marcado por una niñez pobre que lo motivó a robar y defender su barrio.
La sociedad le ofrecía poco. En su barrio de Santa Fe, recuerda cómo sus hermanas tenían que compartir un par de zapatos entre las tres.
Su pandilla, más allá de los delitos callejeros, también era buscada por los políticos cuando querían que armaran desorden contra otros partidos.
Se disgregaron por jubilación de sus integrantes o porque fueron cooptados por políticos que les ofrecían dinero a cambio de presentarse en los actos de delegados o funcionarios.
“Pónganse la camiseta, nos decían nada más. Les dijimos que ni madres, porque sólo buscaban manipularnos”.
Tuvieron ofertas de todos los partidos de izquierda. “Como nos veían organizados y que la gente de una u otra forma nos respetaba, acababan buscándonos”, explica Morgan.
Impusó el Consejo Popular Juvenil (CPJ), organización civil que aglutinó a la mayoría de las bandas de chavos del DF.
Así trabajó entre 1985 y 1992 hasta que “un gandalla se puso listo y se llevó la lana y nos dejó sin nada”.