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Los tres rostros de El Mayo Zambada

En Sinaloa por todos es sabido que a Zambada se le considera "el último reducto de generosidad" que distinguió hasta hace algunos años de manera palpable a varios jefes del narco
Jueves 07 de junio de 2007 El Universal

Ismael El Mayo Zambada, uno de los capos más perseguidos por México y Estados Unidos, es un personaje con tres rostros diferentes: el de benefactor, el de empresario y el del hombre enigmático que, en contraste con otros narcotraficantes, se mantiene en bajo perfil.

Hasta hace pocos años El Mayo solía llegar cada diciembre a su pueblo natal El Álamo para repartir cerveza y dinero en efectivo para que sus habitantes tuvieran "Feliz Navidad".

En Sinaloa por todos es sabido que a Zambada se le considera "el último reducto de generosidad" que distinguió hasta hace algunos años de manera palpable a varios jefes del narco.

Es visto como un hombre preocupado por que la gente tenga trabajo pero también educación. Quizá por ello su familia fundó la Estancia Infantil Niño Feliz -señalada por el Departamento del Tesoro de EU de ser "fachada" para lavado de dinero-, que da servicio de guardería y comedor a hijos de empleados de pocos ingresos o que son madres solteras.

Su altruismo se mezcla con su frialdad para respetar y hacer respetar los acuerdos en los negocios; su carácter siempre reservado lo ha llevado a mantenerse alejado de las sangrientas disputas de poder entre sus contemporáneos, como el protagonizado en los años 90 por el clan Arellano Félix contra su compadre, Joaquín El Chapo Guzmán.

Su inteligencia le ha permitido encumbrarse y estar cerca de los grandes capos como Miguel Ángel Félix Gallardo, primero, y Amado Carrillo, después; esto lo ha favorecido para permanecer intocable frente a autoridades como el Ejército durante más de tres décadas.

Son pocas las imágenes que se conocen de El Mayo, quien en enero próximo cumplirá 60 años, según la ficha del Departamento del Tesoro.

En una aparece con bigote, ceja poblada y muy delgado. La última que la DEA y la PGR difundieron hace algunos años cuando se ofrecieron cinco millones de dólares por información que llevara a su captura, lo muestra con el rostro cansado, la ceja disminuida y con el cabello corto peinado de lado.

Desde los años 90 Zambada reclutó un ejército de sicarios. Hoy uno de sus testaferros, que hace de la violencia norma para arreglar sus negocios, es Gustavo Inzunza, a quien se atribuyen por lo menos medio centenar de ejecuciones sólo en Sinaloa, según la Procuraduría estatal.



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