13:51 Relajado en su atuendo de aire oriental y con lentes ahumadas, el mexicano Carlos Reygadas sigue sin estar seguro de si su filme Stellet licht fue bien recibido en la competición por la Palma de Oro en Cannes, pero sí lo está de que gran parte de la crítica no la ha entendido.
"No sé exactamente cómo ha sido recibida la película. Yo estuve en el estreno oficial ayer y fue excelente, me sentí muy feliz", explicaba hoy en una entrevista en la terraza del hotel Noga Hilton del paseo de la Croisette, en medio de un bullicio muy distinto de los silencios que caracterizan su película.
Sin embargo, "hoy he leído algunas críticas que considero muy estúpidas, hablando esencialmente de que la película es muy lenta. Hay gente que ha entendido la película, pero muchos críticos no" , recalcó.
"Bueno, ¿qué puedo decir? Es como si te preguntan qué tal es la película de Quentin Tarantino y dices que es fantástica porque es rápida", añadió con ironía.
Al principio "me interesaba lo que decían los críticos sobre mis películas, porque las hacía con el afán de compartirlas. Ahora los leo por el interés de entender lo que un ser humano puede pensar. Sólo estoy interesado desde un punto de vista antropológico", dijo.
Y es que este director nacido en la capital mexicana en 1971 y abogado que trabajó en labores diplomáticas antes de dedicarse al cine no quiere ni que le hablen de que sus películas son lentas.
"Yo no decido hacer una película lenta, es lo que la película pide por sí misma. Es como cualquier otra cosa que haces en la vida; yo las siento así. Incluso cuando veo publicidad o filmes con chistes muy rápidos, no lo entiendo, soy muy lento para ver lo que hay en un fotograma", apuntó.
Asimismo, "no me gusta el concepto de las películas como una simple historia que te cuentan. Para mí, el cine es más cercano a la música que a la literatura, pero la mayor parte del cine se basa en la literatura. Por eso hay gente que puede pensar que el film es lento, pero para mí no lo es", concluyó.
Y es que para Reygadas el tiempo es la clave de su cine, con el que aspira por segunda vez a la Palma de Oro en el Festival de Cannes tras hacerlo en 2005 con Batalla en el cielo y ganar una mención especial a la Cámara de Oro en 2002 con Japón.
En Stellet licht, una peculiar historia de amor ambientada en una comunidad menonita del norte de México y rodada en la lengua germánica de ese culto anabaptista, el platsdieusch, necesitó un centenar de días de rodaje, a una media de dos o tres planos al día.
"Sólo éramos once en el equipo, así que teníamos tiempo. Prefiero invertir en tiempo antes que en máquinas", enfatizó sobre esta cinta rodada sin equipo de iluminación ni efecto digital alguno.
También lleva su tiempo trabajar con actores no profesionales, como Cornelio Wall Fehr y María Pankratz, protagonistas de la cinta y que le acompañaron a Cannes a presentar el filme.
"La clave no es decirles que están representando a alguien, la clave es hacerles sentir lo que los personajes sienten. Les digo que se pongan en la misma situación que los personajes, que la sientan de verdad", explicó.
Empezó a explorar la posibilidad de rodar con los menonitas -"una comunidad totalmente monolítica", con su religión, su forma de vestir, de hablar y de trabajar propias- durante un viaje en automóvil por el norte de México, pero no fue fácil.
"Muchos rechazaron actuar, hasta que encontré a Cornelio. Y de hecho, actrices no encontré ninguna mexicana, tuve que ir a buscarlas a Canadá y Alemania", precisó.
Sobre qué opina de quienes le consideran el máximo exponente de una cierta manera de hacer cine en México, tan distinta de la clásica como de la que se ha abierto camino en Hollywood, Reygadas lo rechaza.
"Fui el primero en hacer un tipo de filmes de ciertas características y que tuvieron reconocimiento, pero hay otros muchos en mi misma generación, así que no me considero cabeza de ninguna escuela", puntualizó.
Aparte de como director, Reygadas también está en Cannes como productor de una cinta española, La influencia, de Pedro Aguilera, estrenada hoy en la sección paralela Quinzena de los Realizadores.
Y ahí también lo tiene claro: "Ser productor es menos estresante, no tienes que hablar. Como director, no sé si me siento más a gusto, pero sí más en mi piel".
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