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De una foto en el Zócalo...

Mi breve historia acerca de una foto que hoy por la madrugada me tomé en el Zócalo de la Cd. de México
De una foto en el Zócalo...De una foto en el Zócalo...
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Édgar Ruiz S
El Universal
Ciudad de México
Miércoles 23 de mayo de 2007

 En el auto sobre Reforma, a las 4.25 am había un tráfico inusual para la hora, pilotos y copilotos se volteaban a ver unos a otros discerniendo si ambos acudían al mismo lugar, llegando a la calle de Madero los autos no avanzaban más allá del Eje Central así que fue el momento de bajar desde el asiento del copiloto. Tomé mi libro y mis 5 hojas de instrucciones, mapa y formato de autorización y empecé a caminar a ritmo de turista por la mencionada calle, al mismo tiempo metí mi mano a la bolsa de mis pantalones y saque una rica paleta de nuez que hace unas semanas tomé en la caja de un Potzolcalli después de pagar una comida, para ir disfrutándola en el camino.

Pocos metros adelante una fila a mi derecha apareció, decidí seguir caminando, la mayoría de la gente en la fila se veía emocionada, “¿me encontraré a alguien conocido?”, me preguntaba.

Los que habían decidido mejor ir más allá como yo iban a un ritmo mucho mayor, se sentía una pequeña dosis de adrenalina bastante agradable, varias cuadras después la fila se fundía en una masa de gente que a las 4.50 am decidía que eso de formarse civilizadamente no era lo suyo por lo que la presión para ingresar por el frágil retén se empezó a sentir.

Decidí meterme un poco más y dejar que la presión social me empujara hacia la zona de ingreso, el grito de "portazo, portazo" no se hizo esperar, a pesar de que todos sabíamos que tarde o temprano todos ingresarían, las ganas de ser de los primeros pudo más. Llevado por la ola fui llegando a esa esquinita de la calle de La Palma que era el umbral de algo más. Dentro de la bolita me tocó observar a unos centímetros como una mujer le pedía con mirada desesperada a su novio que no la presionara, que no, no iba a poder, el novio no atinaba a detenerse, parte porque deseaba entrar y parte porque la gente de atrás lo empujaba también.

De un momento a otro ya estaba yo más allá de las rejas y los policías y no alcancé a ver el desenlace de la polémica de esa pareja. Personas de playera negra con el nombre Spencer Tunick te pedían que agilizaras tu ingreso, varios lo hacían, yo sólo aceleré ligeramente el paso, alguien con altavoz solicitaba que con la mano izquierda en lo alto se mostrara el formato de autorización, a quien no lo hacía los policías lo tomaban del brazo y lo invitaban a salir a su manera.

Llegabas entonces a tres o cuatro carriles donde había que depositar el formato en unas cajas de cartón de manera desordenada, se veía entonces la entrada a la explanada y más asistentes de playera negra me guiaron a la izquierda, a donde sería mi lugar las siguientes 2 horas casi enfrente del busto de Cuauhtémoc, me agradó el lugar de primera vista, tenía borde de jardinera lo que seguramente me ayudaría a tener "mayor" comodidad de espera.

En fila nos fuimos sentando al llegar, a unos metros enfrente de mí las personas entraban y salían de las cabinas azules de baños públicos y a mi derecha una Super 7 hacía su venta del año entre snacks y café con sabor a canela, decidí empezar a leer, sin embargo el cansancio de 2 noches seguidas de festejo cumpleañero hicieron de las suyas y mi vista decidió que no podía más.

De vez en vez las personas que esperaban al frente solicitaban a los turistas del Hotel Majestic que salían por los balcones "que se encueren", los gritos no surtieron efectos, menos en la rubia que se paró en uno de los balcones, como a eso de las 5.45 una mujer en el mismo hotel gritó mediante un equipo de sonido "Mexicoooo", los gritos fueron su respuesta sin embargo luego se volvieron decepción ya que posteriormente sólo agregó que tuviéramos paciencia ya que la foto se tomaría hasta que "el sol saliera por el este", las risas albureras no se hicieron esperar. La espera continuó, los afectos a la UNAM se hicieron sentir con varios Goyas; decidí imitar la práctica de la mujer a mi derecha y haciendo una almohada con mi bolsa transparente y un par de guantes me dispuse a acostarme y dormir, lo logré por intervalos pero la incomodidad, el frío y la conversación en tono humorístico de mis vecinos a la izquierda no me lo permitieron completamente. Me puse de pie y al voltear a mi alrededor la cantidad de gente reunida había aumentado exponencialmente.

Nadie conocido.

A las 6.30 aproximadamente se escucharon las primeras palabras de Tunick, en un mal español nos dio las gracias, después a cada frase que él decía un improvisado traductor hacía lo propio, insistió en que deberíamos seguir sus instrucciones, en que el tiempo con el que disponía era poco, en que serían 3 fotos en la explanada y unas más en la calle de 20 de noviembre así como una sorpresa al final. pidió también que nadie se quitara la ropa sino hasta que él lo solicitara.

En la parte alta del Majestic una lona de la altura de 2 pisos colgaba mostrando la posición A, de pie; el frío arreciaba, el ansia también y la luz empezaba a asomarse, mi vecina de la derecha, oriunda de Chalco, me pedía la hora y me hacía saber sus ganas de que ya empezara, correspondí ofreciéndole uno de los tres dulces que había en el bolsillo izquierdo de mis jeans.

Unos segundos después las campanas de la Catedral se escuchaban y Tunick salió nuevamente ahora desde la parte más alta del hotel, le dije a ella "parece que ya se te hizo", de manera rápida no confirmó que la hora había llegado y que a la cuenta de tres había que despojarse de los textiles, guardarlos en una bolsa y dejarlos justo donde estábamos.

Al grito de fuera ropa de Spencer y el conteo de 3 la gente empezó con muy pocas dudas a hacerlo, yo me tardé unos segundos más, quería ver si en algún momento la duda colectiva haría de las suyas, no fue así en lo colectivo y tampoco en lo individual y empecé a quitarme mi suéter mientras varios enfrente de mí estaban ya sin alguna prenda, terminé casi al mismo tiempo que debíamos empezar a caminar hacia el Zócalo.

Hacía un frío soportable, empezamos a caminar, la familiaridad de 3 minutos con mi vecina de la izquierda, supongo, la hizo seguirme varios metros, después se perdió, al principio la gente se arremolinó en pocos lugares, poco a poco siguiendo las instrucciones se fue ocupando la totalidad de la plaza, una persona por cuadrado era la encomienda, decidí caminar hasta la parte de atrás, la sensación de caminar entre esas filas indescriptible, casi hasta atrás fue que encontré "mi cuadrado", solo duró unos segundos dados otros movimientos que me hicieron tener varios cuadrados por unos segundos, parecía juego de twister, después de unos 15 minutos se logró tener la formación buscada, primera foto tomada, la lona con la posición A desapareció para dar cabida a otra con la B, se solicitó que había que dar la espalda al Hotel y tomar la posición, acostarse así en el Zócalo eso sí que era el reto, poco a poco fuimos haciéndolo, el primer momento que estuve completamente boca arriba divisé un pájaro, sin albur, volando en el cielo, minutos después había varios ya, ellos también querían ver supongo. Alguien gritó diciendo que los pájaros harían de las suyas encima de nosotros, la risa generalizada.

Unos minutos después la foto 2 fue tomada y seguía la posición C, hechos bolita, si la B había sido difícil la C, en lo personal dadas las lesiones de rodilla, iba más allá, más comentarios graciosos a la mexicana, más risas y varios minutos después por fin se tomó la última foto en la explanada, las instrucciones fueron caminar hacia 20 de noviembre, la deshinibición ya era total, todos éramos iguales, las miradas buscaban más miradas, los cuerpos eran meros árboles en el bosque.

Durante el camino hacia y en la calle de 20 de noviembre las consignas de "voto por voto, casilla por casilla", "el pueblo, unido, jamás será vencido", "México, México" se fueron turnando, ya era ambiente festivo, después de avanzar y retroceder varias veces al fin se logró lo que se quería, una foto de todos lo más cercanos unos a otros con el puño izquierdo y luego el derecho en lo alto, el evento terminaba para los hombres que se nos pidió regresar a nuestro punto de origen pero habría para las mujeres una foto extra y se les pidió acudir hacia Palacio Nacional, una que otra no lo hizo, llegué a mi lugar y me sentí aliviado de ver que mi bolsa aún seguía ahí, nuevamente me puse en modo socialmente aceptable y decidí emprender la huída, la sensación era rara, pasé por el café La Popular y compre pan de dulce, una oreja, estaba tibia y suave, me pareció la mejor oreja que había comido en mi vida, cámaras y reporteros hacían su trabajo de conclusión del evento.

Seguí caminando hacia Eje Central, observé que un periódico mostraba una foto a la Tunick, pensé que era demasiado rápido para que ya hubiera algo en la prensa pero aún así lo compré; efectivamente era demasiado rápido porque la foto no era de México, tiré a la basura el periódico y metros adelante subí a un taxi, el taxista escuchaba un locutor que mencionaba un cálculo de 10 mil personas, posteriormente entrevistaba a un fotografiado que mencionaba en tono positivo su experiencia, sólo se quejó de que vio a alguien tomar fotos con celular sin embargo dijo que los asistentes lo apartaron, fuera de eso todo bien.

La energía de mi cuerpo ya estaba en la reserva, recargué mi cabeza en el respaldo del asiendo del vocho y después de que confirmé al conductor la ruta a seguir me quedé dormido.



 

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