15:36 El césped es un lodazal, los pies se hunden al caminar entre el fango y del cielo aún caen algunas gotas de lluvia.
La mirada gira hacia cualquier lado, y saltan a la vista miles de personas remojadas.
Pero a nadie parece importarle esta situación.
Ni las tres horas de retraso del concierto, ni el tremendo aguacero que azotó a Ciudad Victoria, la noche del sábado.
La música de sus ídolos y el anuncio de que si se presentarán en el estadio Marte R. Gómez provoca la algarabía.
Son las 21:50 horas y el espectáculo tan esperado está por comenzar. Es el concierto del grupo juvenil más famoso del momento, RBD.
Con ellos, los niños y jóvenes saltan, gritan, cantan… ¡Y se mojan!.
RBD provoca un fenómeno pocas veces visto en esta capital. Miles de personas aguantaron tres horas de retraso para ver a sus ídolos, a pesar de un tremendo aguacero –que incluyó truenos y relámpagos-.
El concierto fue organizado por el Sistema DIF Tamaulipas, que preside Adriana González de Hernández, con el objetivo de recaudar fondos que se destinarán a cirugías especiales de alto riesgo en menores de edad.
Cae aguacero
Desde el mediodía del sábado ya había filas de jovencitas, niños y familias completas para ingresar al estadio.
Todo iba tranquilo, a pocos les importaban los nubarrones que rondaban en el cielo.
Incluso llega público procedente de otras ciudades como Reynosa, Matamoros, Tampico o Monterrey, Nuevo León.
En el exterior del estadio hay personal del DIF aún ofreciendo boletos.
Y de pronto comienza la lluvia. En mucha gente hay la esperanza de que sea breve.
Pero no es así, aquello se convierte en un tremendo aguacero. Los asistentes se cubren como pueden, con bolsas de plástico, sillas, sombrillas e impermeables. Comienza a rondar la posibilidad de suspender el concierto.
Durante las tres horas de espera suben al escenario a varios grupos locales como Adicción, Belanova, Kuday, Motel y Wácala, quienes no logran saciar ni tantito las ganas de ver a RBD.
Mucha gente si se retira del estadio, la lluvia los vence. Sin embargo, aún se quedan muchos, muchísimos. Hay más de 15 mil, y algunos organizadores aseguran que son 20 mil.
El gol político
Cualquier expresión de los cantantes reactiva el escándalo auditivo. Con celulares y cámaras digitales sus fans intentan captar imágenes, aunque se encuentren desde las lejanas gradas.
Como la mayoría, María Fernanda Wong Muñiz, de 10 años de edad, no se quiso mover del estadio. Quien lo hizo fue su mamá, para traerle una chamarra.
“A mi no me importó, yo quería verlos y oírlos cantar”, expresa Fernanda.
-¿Y cuáles son tus temas favoritos?.
-“Me gustan mucho la de Cero Parecer, Lento, Un poco de tu amor, Enséñame y Cinco minutos”, responde sin dudar.
Y logra su sueño, cantar en vivo todas las canciones.
El espectáculo multicolor y musical también tiene sus momentos de reflexión cuando los muchachos invitan al público a luchar por un mundo mejor.
“Ustedes en la vida, al lugar donde vayan si le regalan una sonrisa a la persona que esté a su lado, les prometo que el mundo va cambiar”, dice Poncho.
Y al micrófono se avienta un gol político, con agradecimiento a la señora Adriana González y al gobernador Eugenio Hernández Flores, por su trabajo a favor de la infancia.
“¡Es un orgullo ser tamaulipeco!”…
Con la guitarra en sus manos, Dulce María emociona a todos los asistentes leyendo un poema que asegura escribió pensando en su público.
Comienza a cantar y al caminar entre el público los flashazos son interminables desde los teléfonos celulares.
Después, el escenario queda oscuro y en silencio por varios segundos, hasta que sale Christian cantando en espanglish.
El concierto está por concluir y el clímax continúa al escuchar las palabras del tamaulipeco:
“¡Gracias Victoria por haberse mojado tanto!, así somos los tamaulipecos, de corazón abierto. Gracias, es un orgullo ser tamaulipeco. Hasta siempre, los quiero mucho”.
En una acción muy bien trabajada, se retiran del escenario y de inmediato provocan un coro gigantesco que les pide “¡Otra, otra otra!”.
El regreso era obligado, a las 23:37 cantan “Porque amar e algo celestial” y luego otra más, la que todos esperaban: “Y soy rebelde”.
Más de 23 canciones se han escuchado en el Marte R. Gómez cuando el concierto concluye a las 23:44 horas.
El público se retira entre charcos, todos salen remojados pero poco les importa.
Minutos después, la salida de varias suburbans por el gimnasio de la calle 19 provoca caos, en medio de un impresionante dispositivo de seguridad.
Es la última chispa de algarabía, de caos juvenil, porque cientos de chamacas rodean los vehículos para tomar fotografías y ansiando mirar de cerca a sus ídolos.
grg