00:01 -Saludo a las personalidades asistentes:
Amigos todos:
Es un honor estar hoy aquí con ustedes, en mi calidad de Presidente de la Comisión contra la Impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa, y como editor del periódico “El Universal” de la ciudad de México.
Felicito a la Comisión de Información de la ONU y a la UNESCO por convocar este encuentro en un momento clave para el ejercicio de la libertad de expresión en amplias regiones del mundo.
La SIP es el principal organismo en su tipo en el hemisferio occidental, al agrupar a más de mil 700 publicaciones en las Américas, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. En este momento nuestra principal preocupación es generada por un grave retroceso en el ejercicio de las libertades de prensa y expresión en la zona, y en especial en América Latina.
Hemos presenciado un video que da cuenta del trabajo que desarrollamos para combatir a la impunidad. El número de crímenes contra periodistas en Latinoamérica es el más alto que hayamos conocido en la etapa moderna de la región. Sin embargo, me atrevo a sostener que resulta mucho más grave el número de estos ataques que quedan sin castigo o que ni siquiera son objeto de una indagación judicial seria. La falta de un sólido estado de derecho en nuestros países es hoy, quizá, una de las principales amenazas para la democracia.
Como ha sido denunciado ampliamente, durante 2006 fueron asesinados 17 periodistas latinoamericanos, siete de ellos en México. Varios más se hallan desaparecidos tras ser secuestrados por grupos aparentemente ligados al crimen. En este 2007 la lista aumenta con nuevos casos casi cada semana.
Estoy seguro de que a todos los presentes en esta mañana nos resulta claro que no estamos aquí sólo para hablar de las circunstancias que han hecho de la tarea periodística en la región una labor de alto riesgo. La historia nos demuestra que cuando los medios de comunicación sufren ataques, ello viene seguido, inevitablemente, de agresiones contra otras instituciones democráticas.
Resulta muy acertado el secretario general de Naciones Unidas, el señor Ban Ki-moon, cuando establece en su mensajes con motivo de esta fecha, que “todos debemos lamentar cuando los periodistas, por cumplir con su tarea de dar a conocer las situaciones de peligro, miseria y desamparo de muchas personas, acaben convirtiéndose en el blanco a abatir”.
El periodista se debe a la comunidad a la que sirve. En él la sociedad debe contar con un aliado, una herramienta para preservar sus libertades, especialmente la que nutre a todas las demás: la libertad de expresión. Si ésta desaparece o es sometida, las demás resultan una quimera, una ficción.
Esta reunión nos alienta en la tarea de sacudir la conciencia de periodistas, editores, empresarios, autoridades, padres de familia, de la sociedad en su conjunto, en el ámbito de nuestras naciones. Buscamos alertar sobre la mutilación que sufre la libertad colectiva cada ocasión en que un periodista es acallado por el narcotráfico u otras formas del crimen organizado, sea mediante la violencia directa, sea mediante el miedo o la corrupción.
Durante los últimos años hemos trabajado para mejorar la protección a periodistas, especialmente aquellos que viven en zonas de alto riesgo, como ocurre con la frontera entre México y Estados Unidos. Un estudio desarrollado por la SIP da cuenta de que en muchas de nuestras ciudades, que son escenario donde se dirimen intereses del crimen internacional, laboran periodistas que deben decidir la cobertura del narcotráfico en un entorno de aislamiento, deficiente preparación y presiones de diverso género.
Entre nuestras tareas figuran campañas de denuncia en más de 500 periódicos de la región, cursos de capacitación para periodistas y editores y un riguroso seguimiento jurídico sobre casos impunes, varios de los cuales han sido elevados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la que ha exigido a los respectivos estados una mayor atención.
Impulsamos un trabajo colectivo que estimula el intercambio de experiencias, la actualización profesional y la elevación de estándares éticos entre los periodistas que, en toda la región, cubren asuntos de alto riesgo, especialmente el narcotráfico, pero también la guerrilla, el secuestro o el terrorismo.
Buscamos establecer una red de solidaridad con estos periodistas, con la participación de diversas instancias públicas y de la sociedad civil, para construir canales por donde fluyan casos de estudio e informaciones que deban alcanzar una repercusión más allá del ámbito local y repercutir internacionalmente.
Pero quizá nuestra primera batalla deba ser librada contra otro enemigo, el más intolerable. Ese enemigo es el silencio. El silencio de la sociedad. Y lo más grave, el silencio de muchos periodistas, que al callar ante el horror dejan que el crimen y sus cómplices triunfen.
En amplias zonas de la región latinoamericana, los ataques contra periodistas han traído consigo un panorama de autocensura por el cual los medios se niegan a publicar informaciones relacionadas con el crimen.
Me parece lamentable el silencio del periodista que calla ante la visión de su comunidad derrumbándose bajo el embate de la violencia. Pero creo que es igual de doloroso el silencio del periodista que viviendo en regiones más pacíficas, calla sintiéndose a salvo de esta tragedia, y para dejar su conciencias tranquila, dicen dudar de la honorabilidad de las víctimas. Sobre el crimen contra un colega, impone el crimen que la apatía representa.
Debo añadir que a esta situación de violencia contra el gremio se suma el hostigamiento en naciones específicas, como es el caso de Venezuela, donde el gobierno del presidente Hugo Chávez desarrolla diversos tipos de hostigamiento, y ha ordenado cancelar la licencia de operación a la cadena de radio y televisión RCTV, la más importante del país. O Cuba, donde están reportados 23 periodistas en prisión por causa de su labor.
Aun Estados Unidos es materia de preocupación, pues un número importante de periodistas son presionados e incluso han ido a la cárcel por negarse a revelar sus fuentes de información.
Desde nuestro punto de vista, la comunidad internacional tiene aún mucho por hacer ante este panorama. Es cierto que nuevas formas de expresión democrática se han estabilizado en América Latina, pero es indispensable ampliar nuestro sentido de alerta y enfocar mayormente la atención, especialmente sobre el proceso de deterioro causado por el crimen organizado.
Debemos estar convencidos de que cuando la libertad es amenazada o suprimida en cualquier lugar del planeta, ello representa un peligro para esa misma libertad para el conjunto de la humanidad.
Muchas gracias.