10:47 La expresión dura y callada de Cho Seung-Hui cuando disparaba contra los estudiantes de la clase de alemán del salón 207, es el primer recuerdo que tiene Trey Perkins, uno de los sobrevivientes de la masacre en Virginia.
Vestido con chamarra negra de piel, una gorra de beisbol color marrón y sin ninguna expresión en el rostro, —recuerda Trey—, Cho abrió la puerta de la clase de alemán del profesor Christopher Bishop y se retiró. Nadie notó algo raro.
Diez minutos después, Cho volvió a abrir la puerta y apuntó directo a Christopher Bishop, le disparó y lo mató, narró al diario The New York Times.
Trey Perkins relata que inmediatamente, los estudiantes comenzaron a volcar sus escritorios para cubrirse, mientras el joven surcoreano de 23 años disparaba a los que se encontraban enfrente. En ningún momento emitió ruido, salvo los tiros que salían del arma.
“Él (Cho) nunca dijo una sola palabra. Nunca había visto una expresión tan dura”, sólo recargaba, disparaba y volvía a cargar.
En un momento el surcoreano abandonó el cuarto. Algunos estudiantes intentaron saltar por las ventanas, otros bloquearon la entrada con sus cuerpos mientras Perkins prestaba ayuda a los heridos.
El testigo recuerda a otro compañero, a Derek O’Dell, quien aún herido y sangrando del brazo, indicaba al resto cómo acomodarse para impedir un posible regreso de Cho Seung-Hui.
Minutos después, Cho intento reingresar al salón, pero al verse impedido, disparó por lo menos en seis ocasiones, dijo O’Dell al diaro. “Sé que hubo disparos contra la puerta, se ven en la puerta, pero nosotros teníamos el escritorio contra ella y usaba mi pie. No me había percatado que estaba herido”.
Tras fallar, el surcoreano se alejó. Los que aún se encontraban adentro usaron su teléfono celular para llamar al 911 y pedir ayuda. “Aún no entiendo cómo alguien pudo hacer esto”, señalan los sobrevivientes.
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