Los brazaletes anaranjados se diferenciaron de los amarillos y los verdes cada dos horas: era el tiempo que tenían niños y adultos para estar en la alberca y los chapoteaderos de la playa Villa Olímpica, la primera de las cuatro que instalará el gobierno capitalino.
La regla era muy sencilla: tenían que parar de hacer buzitos y chapuzones en el agua fría para que entraran otros porque la gente no paraba de llegar. Mientras, los menores iban a brincar a los juegos inflables y los talleres de dulces o a buscar un rinconcito de arena donde los niños hicieron castillos y las niñas, camas de arena para sus muñecas Bratz. Fue la sensación del momento y la diversión de cientos.
La apertura oficial a cargo del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrad, fue a las 14:30 horas, pero la gente no se esperó. Desde temprano, decenas de familias hasta con bebés, grupos de amigos e incluso parejas de novios acudieron por curiosidad o porque les quedaba cerca el lugar.
En el puente peatonal cerca de “la playa” una manta con el logotipo de La Ciudad en Movimiento convocaba: “Acapulco 500 km $520, Playa (aquí) $0”.
Y surtió efecto. Fue gente de las colonias Santo Tomás Ajusco y de Los Hornos, de Villa Olímpica, además de otras de la delegación Tlalpan y Xocihmilco. Aquello estaba lleno.
Unos iban escépticos y poco preparados: pantalón de mezclilla, botas mineras, ropa negra y sin bronceador ni dinero para comer. A algunos apenas les alcanzó para tomarse un agua de coco en su misma cáscara, y comer una tostada o tacos de a 10 pesos que vendían familiares de trabajadores de la delegación, autorizados por ésta misma, según contó una chica que era administradora dentro de la palapa.
Pero ganaron los precavidos, como la señora Adelina Alvarado, que llegó con sus dos hijos, sus nietos y sus paquetes de pan de caja, medio kilo de jamón y un frasco de mayonesa para los sandwiches que preparó en el cachito de tronco donde se instalaron, porque ya no había lugar en la arena.
Ella es empleada doméstica y trabaja cada tercer día. “Hoy me vine con mis hijos y nietos para que disfruten, mañana se acaba la diversión y hay que regresar a la chamba”, dijo.
Pero la playa no fue sólo para las familias, sino también para los enamorados: Cristal Rosas y Cosme Díaz, felices veinteañeros, aprovecharon sus vacaciones; ella, del Colegio Superior de Gastronomía y él de la Facultad de Química de la UNAM, para irse a asolear.
“No importa, en Acapulco te encuentras todo tipo de gente, la cosa es divertirse”, coincidieron. Con su bikini rosa, su bermuda de marca y su bronceador, ambos se apoderaron de un camastro cuando la lluvia sorprendió a los bañistas que se tuvieron que refugiar en las palapas y las sombrillas que se instalaron.
Quén pompó, quén pompó , cantó grabado Chicoché, seguido de los Joao con su clásico Vamos a la playa, oh oh oh ; antes, el grupo de son jarocho Los marineros del Puerto y el grupo Smiling brothers en zancos y con disfraz de arlequín, animaron el día hasta que llegó otro tipo de agua.
“Se les suplica a los papás que saquen a sus hijos de las albercas en lo que pasa la lluvia”, decía uno de los animadores al micrófono y los invitaba al salón de juegos a ver la película de Matrix. Mientras, los salvavidas eran ignorados por la gente; incluso por un señor de bermuda verde y abdomen predominante que se quedó solo en la piscina. En pocos minutos, salió el sol, paró la lluvia y la gente regresó.
Poco antes de que llegara el jefe de Gobierno con su séquito de funcionarios, los animadores trataban de organizar a la gente para repartirles brazaletes, pero algunas madres ingeniosas pedían a otras que ya se iban las tiras de colores de sus hijos para evitar la fila y nadar.
Muchas ignoraron los vestidores que resultaron insuficientes, al grado de que algunas llevabaron a sus hijos a los sanitarios de damas.
La gente estaba en eso cuando llegó Marcelo Ebrard. Muchos le dieron las gracias. Otros ni cuenta se dieron. “Las Sirenitas de Tlalpan”, un grupo de seis niñas de entre 9 y 13 años del deportivo Sánchez Taboada, hicieron una demostración de nado sincronizado al ritmo de la música de Chayanne y entregaron flores al mandatario y su esposa, Mariagna Prats.
Al cortar el listón, el funcionario dio un tropezado paseo que casi termina con una fortaleza de arena que hizo una familia. Se quitó los zapatos para caminar por la arena morena de la cancha de futbol, y la blanca de la de voleibol, donde recibió dos o tres balones ignorando la montaña de tenis olorosos de unos adolescentes.
Luego subió al coche 4 de los go-karts y hasta paseó con un pony, no sin recibir protestas de la señora María Antonieta Amayo, cuyo nieto casi es derribado por el equipo de seguridad del mandatario y se quejó: “¡Todo esto está muy desorganizado!”