00:01 Estimadas amigas
Es un honor y un agrado poder hoy dirigirme a ustedes. Gracias a la comunicación moderna puedo hacerlo hoy desde mi país, situado al extremo sur de América Latina, y sentirme con ustedes y entre ustedes, mujeres mexicanas, que habitan el extremo norte de nuestra América.
Las saludo con gran placer al constatar nuestras raíces, historia, esfuerzos y luchas que ambas naciones hemos debido enfrentar. Lo hago, además, en momentos en que las relaciones entre nuestros países y nuestra gente es cada día más cercana, lo que se verá refrendado en la visita que efectuaré a esa querida tierra en algunos días más.
Deseo en primer lugar, felicitarlas por sus luchas históricas y diarias que han permitido una creciente participación en el desarrollo y en la vida democrática de un país tan querido y admirado entre las chilenas y chilenos.
Nuestros lazos arrancan en los días de la emancipación de España en septiembre de 1810 y se profundizan tras la Revolución Mexicana del 1910.
En el contexto post revolucionario, una mujer chilena, Gabriela Mistral, que llegó a amar entrañablemente a México, se convierte en uno de los nexos principales entre nuestros pueblos.
Gabriela Mistral, la primera personalidad en Latinoamérica en obtener el Premio Nobel de Literatura y a quien estamos recordando en Chile, y he sabido que también en México, en los cincuenta años de su fallecimiento.
Gabriela llegó a México, por primera vez, en julio de 1922, invitada por el Secretario de Educación de la época, José Vasconcelos. Puso a disposición de este bello país su condición de maestra, de educadora, de creadora, de profunda humanista. De México, en tanto, recibió, junto al cariño y la alegría de su gente, la inspiración para escribir muchos de esos hermosos poemas que hoy son recitados en Chile, México y en otras partes del mundo.
Fue una mujer que, a través de la educación y la formación, luchó por la libertad y la emancipación de la mujer latinoamericana. Ella estaba convencida que la educación ayudaría a evitar la discriminación, la violencia, el rezago social, no tan sólo de las mujeres, sino que de los todos los sectores de nuestros pueblos. Con una enorme fuerza y constancia se entregó a su labor de contribuir a la reforma del sistema educacional mexicano y, con la ambición y el afecto que la caracterizó, se entregó por entero a esa causa tan noble: la educación del pueblo.
Gabriela nos legó mucho: su obra, por cierto es lo más conocido, pero también nos dejó una visión del mundo, una genuina preocupación por las minorías, por las mujeres, por la igualdad y no discriminación de ningún tipo, y un profundo sentido de la responsabilidad de la sociedad en contribuir a resolver los problemas que caracterizan a nuestras realidades. En su acción de vida fue profundamente democrática y renovadora. Fue una mujer precursora en tantos campos de la vida y como toda persona que se adelanta a su época, no fue siempre comprendida ni aceptada en todo su valor y personalidad.
Cómo no recordar, en este breve saludo, a otra mujer, símbolo de vida y de lucha por los derechos de la gente, igual que Gabriela Mistral. Me refiero a la querida y admirada Frida Khalo, Ambas fueron contemporáneas y Frida se despidió de esta tierra en 1954, sólo tres años antes de que lo hiciera Gabriela.
La fuerte personalidad de Frida, caracterizada desde pequeña por un profundo sentido de la independencia y la rebelión hacen que, asuma una activa preocupación, también, por la emancipación de la mujer mexicana.
Gabriela y Frida son dos pilares fundamentales en la relación y amistad entre Chile y México. Constituyen un símbolo muy vivo y presente para las mujeres de ambas naciones, y porqué no, de América Latina y el mundo. Deberíamos beber de su sabiduría y de su capacidad, deberíamos inspirarnos más en su lucha por las transformaciones de un mundo que, digámoslo claramente, poco le ha entregado a la mujer. Lo que la mujer ha obtenido ha sido la consecuencia de sus luchas, y las de sus antecesoras, para llegar a conquistar sus derechos civiles y políticos. Es mucho lo que se ha avanzado en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, todavía quedan temas pendientes y que deberemos seguir trabajando en conjunto.
Estamos al inicio del siglo XXI. Comienzan a abrirse ventanas para nuestras aspiraciones, para nuestras justas aspiraciones. Se progresa en varias partes en materias como la paridad de género, que no es otra cosa que una demanda de la mujer para acceder a compartir espacios donde se toman las decisiones fundamentales de las sociedades y que, como tales, nos involucran a todos. Son pequeños pero sustantivos pasos en nuestra senda por mayor justicia y equidad de la sociedad contemporánea.
En nuestro país, al igual que en otros situados en distintos continentes, las mujeres ocupamos sitiales que, por distintas razones, nos estaban vedados o que parecían aún muy lejanos. La paridad de género, en muchas latitudes comienza a ser entendida e incorporada como práctica. Amigas, yo veo que la participación de la mujer en la política, en las organizaciones sociales, en las empresas y en las instituciones públicas, debe llevarnos a elevar la calidad de nuestras democracias. Tarea nuestra será que, también, esta mayor participación de la mujer mejore la calidad de las propuestas y de las políticas.
Chile y México, a veces juntos y en otras oportunidades por caminos distintos, están preocupados de erradicar las discriminaciones en la educación; por el acceso igualitario de niños y niñas a todos los niveles de la enseñanza; así como por los derechos a la salud, a un trabajo digno e igualitario en su remuneración.
Sin la participación de la mujer -junto al hombre- nuestros pueblos, nuestro continente, no podrá superar la pobreza. Por el contrario, la participación de la mujer es un factor fundamental para el progreso y desarrollo de nuestras sociedades.
Son muchos los problemas que tenemos que enfrentar: la búsqueda de una paz justa y duradera; la construcción de sociedades con mayor equidad e igualdad de oportunidades para todos; de la recuperación ambiental y detener la sistemática destrucción de nuestras riquezas naturales y de la capa de ozono que están alterando de manera muy preocupante los equilibrios ecológicos, provocando notables cambios en los comportamientos de una serie de fenómenos naturales. El cambio climático global y el elevamiento de la temperatura en muchas partes del planeta nos ponen frente a nuevos desafíos: es imprescindible incorporar las variables derivadas del desarrollo sustentable a nuestras actividades cotidianas. Aquellas personas, en este caso además, aquellas mujeres que tenemos responsabilidades de conducción política de una nación, precisamos ser parte activa de ese movimiento de defensa de la vida de nuestros descendientes.
Si todos, hombres y mujeres, damos nuevos pasos para alcanzar el mejoramiento de las condiciones de vida, del desarrollo social y cultural de las sociedades, donde seamos capaces de desterrar el flagelo de la violencia, será la sociedad toda la beneficiada y nuestros hijos podrán aspirar a un mundo mejor y más feliz.
Queridas amigas mexicanas, junto con alentarlas a perseverar en este camino, quiero despedirme, en esta oportunidad, recordando a nuestra insigne poetisa Gabriela Mistral, cuando se despidió de México, allá en el año 1924, al terminar su misión junto a José Vasconcelos:
“Pero gracias, sobre todo, por estas cosas profundas: viví con mi norma y mi verdad en esa tierra y no se impuso otra norma; enseñando tuve siempre el señorío de mí misma; dije con gozo mi coincidencia con el ambiente, muchas veces, pero dije otras mi diversidad… Nada de la patria me faltó, y si la patria fuese protección pudorosa, delicadísima, México fuera patria mía también…”
Les deseo mucho éxito a cada una de ustedes y espero encontrarlas pronto.
Muchas gracias