11:34 El intercambio epistolar es una afición de quienes viven el amor, ya que este medio representa una forma de comunicación íntima y sincera. En ellas se esconden amores, perdones, citas, secretos, incluso lágrimas, perfumes y flores, de acuerdo con Juan del Arco en su libro Las más bellas cartas de amor.
Entre las mujeres que sucumbieron al encanto de enviar mensajes escritos está Frida Kahlo.
Enamorada del pintor Diego Rivera, la artista daba forma con su puño y letra a sus sentimientos y pensamiento; luego envolvía los poemas resultantes con sobres decorados por ella misma.
“Diego: Nada comparable a tus manos ni nada igual al color oro-verde de tus ojos.
“Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio.
“Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos”.
La famosa poeta chilena Gabriela Mistral también se distinguió por sus románticos escritos, como la emotiva carta dirigida a su “inolvidable” Alfredo Videla, cuando la artista tenía 15 años de edad.
“No contesté pronto su carta penúltima porque en esos días tuve mucho que hacer. Perdóneme y no me juzgue nunca mal. Escuche y no lo olvide, de mí nada debe temer. Soy yo la que puede temer ser abandonada por una mejor y una nueva elección suya; usted no”, sentenciaba.
Otra mujer que amó hasta la muerte fue la escritora Virginia Woolf, quien se suicidó lanzándose al río con piedras en los bolsillos, no sin antes dejar una carta en la que aseguraba que no podía seguir viviendo, a pesar del gran amor que sentía por su esposo Leonard.
“Querido: Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a curarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor. Tú me has dado la mayor felicidad posible. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo. No creo que dos personas puedieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido. V”, concluyó la autora de Una habitación propia.