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Eterna elegancia

El glamour es un estado de ánimo. El buen gusto y la proyección de una vida interior son factores intemporales que han marcado la identidad de las grandes mujeres
Eterna elegancia
Vestido halter café de gala y encaje de Abel Ibáñez. Accesorios de Gustavo Helguera.(Foto: Bertha Herrera )
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Victoria Martínez Enríquez
El Universal
Ciudad de México
Lunes 05 de marzo de 2007

11:06 Una mujer no es sobresaliente sólo por su físico y las prendas que usa, sino por el estilo que la distingue. La feminidad recupera esa relación en la época actual, aunque también es independiente y libre para guiñar el ojo a la comodidad, los tintes modernos, la coquetería y, sobre todo, al galante buen gusto.

La moda no se escapa del curso cíclico del planeta, por lo que no es raro encontrar resonancia de la década de los 40 del siglo pasado en las pasarelas de 2007. Sin embargo, las colecciones no sólo tienen que pensar en el factor glamour de Dolores del Río o María Félix, sino también en las ocupaciones de la mujer actual que vive con mayor rapidez e intensidad.

“La mujer de aquellos años dedicaba mucho tiempo a su persona, lujo que quizá no se puede dar la contemporánea, que corre para ir al trabajo, se viste rápido y se peina con gel para salir pronto del apuro. Esto no es un pretexto porque no debe verse desarreglada aunque la ocasión sea informal, es cuestión de entender que la elegancia no es exclusiva de quienes vigilan personalmente el corte de las prendas o usan el complemento de la cartera bajo el brazo, el sombrero grande o los guantes”, explica Lydia Lavín, investigadora de moda y directora del Fashion Group México.

El glamour ha sufrido tantos cambios en su concepción, que el diseñador Manuel Méndez asegura que hubo una época en que ser glamorosa estaba fuera de moda, cuestión que afortunadamente cambió su rumbo y ahora se puede tener en México hasta una avenida con boutiques exclusivas como Masaryk, y gente que sí sabe gastar en las últimas colecciones.

La elegancia y sofisticación es un reflejo de la autoestima, si se siente cómoda puede lucir bien sin importar la firma de las prendas. El glamour es una forma de vida, no algo que se compre en las tiendas.

CAMBIO DE ESTILO

Para Cristina Pineda, de la firma Pineda-Covalín, el glamour sólo se puede definir como “una forma de vida que se logra resaltando la feminidad y el buen gusto de las damas”, aunque afirma que éste se renueva al igual que la moda, “siempre evoluciona y se viste con nuevos ropajes, pero al final la elegancia, el estilo, la personalidad y la presencia sólo cambian de forma, no de contenido”.

Lydia Lavín coincide con Cristina en uno de los sentidos: el estilo elegante sigue vigente. “No es como el de antes basado en un escenario de Hollywood donde simbolizaba ser diva o artista, no es tan acartonado. En la actualidad una mujer puede ser glamorosa desde su lencería, que la hace sentir sexy. Digamos que este concepto es ahora un poco más informal y espontáneo”.

Para el diseñador de alta costura Bertholdo, de la firma Jesús Ibarra + Bertholdo, el buen vestir ve en la mujer práctica una aliada poco contundente. “La forma de vida de las mujeres cambió mucho también tras todo el movimiento hippie”, dice, mientras que Lavín lo apoya al destacar la llegada del pantalón como punto clave en el cambio de apariencia de las féminas.

“Digamos que de la elegancia de aquella época ahora recuperamos 30%. La actitud se refleja hasta en la forma en que una mujer camina o se sienta, y esto es diferente a antes. La mujer comparte roles con los hombres y vestir pantalón es un cambio radical porque ella no tiene tanto cuidado en sus modales, invierte más atención en competir tú a tú con los hombres a nivel laboral”.

Bertholdo y Lavín tienen algo claro: pese a todos los cambios sociales y la entrada de nuevas prendas, la mujer coqueta y sensual no se extinguió del todo. Incluso Manuel Méndez dice que mientras haya prendas glamorosas, habrá alguien que las sepa portar.

¿CÓMO ERAN EN EL PASADO?

Bertholdo dice que además de tiempo, las mujeres de la Época de oro del cine mexicano invertían conocimientos en su porte. “Sabían perfectamente cómo era su cuerpo y qué prendas vestían mejor. Ellas conocían cómo moverse según el atuendo, qué color les hacía resaltar su rostro y hasta qué parte de su anatomía tenían que explotar para verse bien”.

Méndez recuerda sorprendido de aquellos años el lujo que muchas divas se daban al usar prendas ajustadas, “pese a que la mayoría eran ‘llenitas’ y usaban talla 9”.

Peinados elaborados, maquillaje cuidado, joyas grandes, vestidos pegados al cuerpo, zapatos de plataforma y actitud de diva son los componentes que Pineda retoma de aquellos años y encuentra ahora en boga.

En cambio, Lavín confiesa que del pasado los detalles sólo vuelven en ocasiones especiales porque la etiqueta de hoy tiene más puertas abiertas para la creatividad. “La vida ahora es más informal, pero no por ello menos sofisticada, si hay algo que rescatar del siglo pasado es el cuidado que debe tener una mujer en su imagen, recordar que aunque el ambiente no requiera gala, no debe verse desarreglada, nunca con cabello descuidado o zapatos sucios”, recomienda la directora del Fashion Group.



 

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