17:28 ¿Estresado por las exigencias de la vida actual? ¿Agotado de la rutina diaria? Entonces tome su almohada, pero no para recostarse a descansar. Estámpela contra otro desdichado como usted y logrará librarse de sus males.
Palabras más, palabras menos, ésa fue la consigna de la convocatoria lanzada en un blog personal por una joven estudiante argentina que el sábado reunió a unas 3 mil personas en una plaza de Buenos Aires para atacarse, cariñosamente, con sus almohadas.
La lucha colectiva de almohadas nació como un 'flashmob': un evento organizado con poco tiempo de anticipación y convocado a través de la internet o por mensajes de texto en el que un gran grupo de personas se reúne en un lugar público para realizar algo inusual y luego se dispersa rápidamente.
Pero la iniciativa de Marina Ponzi tuvo tanto éxito que en tres semanas su blog recibió más de 20 mil visitas, llegó a ocupar la contratapa de un prestigioso diario argentino y hasta obligó al gobierno de la ciudad a disponer un operativo de seguridad para evitar incidentes.
La idea se le ocurrió luego de recibir un correo electrónico de una amiga que había estado en una guerra similar realizada en San Francisco, Estados Unidos.
"No esperaba semejante convocatoria, estoy muy contenta que haya sido así, tan masivo. Vino un montón de gente", dijo Ponzi a la AP mientras esquivaba almohadas.
La invasión de luchadores comenzó temprano por la tarde. Entre risas y miradas cómplices fueron llegando, almohada en mano, a la plaza ubicada en el barrio de Palermo.
Las reglas eran claras: no pegarle a nadie que no llevara una almohada entre las manos (a menos que quisiera) y no usar almohadas pesadas o con objetos duros como cierres o botones.
Cinco minutos antes de la hora señalada _y de que Ponzi diera la orden de ataque_, la guerra estalló.
Almohadas multicolores volaban por el aire golpeando indiscriminadamente a quien se cruzara por su camino.
Tan acalorado fue el combate que varias almohadas estallaron en el aire, que quedó cubierto de plumas como si se tratara de una nevada.
"Vinimos a pasar un momento bueno con ellos, un momento divertido. Ellos tienen bastante energía, así que espero que se descarguen un poco", dijo entre risas Mario, un psicólogo de 44 años, mientras abrazaba a sus dos pequeños hijos, que lo acompañaron a la guerra.
El combate duró apenas unos minutos, lo suficiente para dejar con la boca abierta a los habituales personajes de Palermo: familias paseando con sus niños, parejas de enamorados y hombres y mujeres preocupados por la silueta que recorren corriendo o en patines el mayor parque de la ciudad.
Esta nueva moda promete tener éxito entre los argentinos que en diciembre de 2001, antes de que el flashmob existiera, salieron masivamente a las calles por iniciativa propia batiendo cacerolas para protestar contra el gobierno.
sgf