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Los ojos de Rafael Ramírez Heredia o de la Amistad


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Oscar Sauri Bazán*
El Universal

Miércoles 25 de octubre de 2006

  Quiero agradecer a todas y a todos, su presencia, hoy es un día especial; como sabemos un libro es la victoria y hoy presentamos uno más, o sea, una victoria más. Sirva esta ocasión para expresar la importancia que reviste la presencia constante, en nuestro estado, de un escritor con las características de Rafael Ramírez Heredia quien, por cierto, ha reiterado la ascendencia yucateca que le corresponde por una parte de su distinguida parentela, lo que lo hace todavía más cercano a nosotros.

Entre Rafael y nosotros se ha cultivado la amistad, debo decir que en la amistad, la distancia entre lo ideal y lo real debe ser corta; no podemos proclamar una cosa y hacer otra. Los pactos han de ser respetados, la confianza recompensada. La amistad ha de ser leal, sincera, límpida. El amigo debe querer el bien del amigo no con palabras sino, concretamente, debe acompañarlo en los momentos de necesidad.

En la amistad no se puede engañar y hacer mal, hay que saber cuáles son las virtudes del otro y valorarlas. El amigo ha de ser abierto, lleno de vida, divertido no debe aburrir, ni abrumar, y tampoco debe ser demasiado generoso con los regalos, puesto que así suscita la necesidad de correspondencia y reconocimiento, que resulta muy pesada. La amistad debe ser franca, ligera, incluso cuando es heroica. La amistad dice siempre, incluso delante de la muerte: "no hay de qué".

La amistad existe desde los más remotos tiempos de la humanidad, existe hoy y no hay motivos para pensar que vaya a desaparecer en el futuro. La amistad es tan sólo un modelo ideal que requiere ser respetado. Mientras lo sigamos, el mundo seguirá colmado de amigos, amigos que al vernos nos sonreirán y una sonrisa vale más que mil monedas en la bolsa o que mil victorias ganadas en la guerra.

Hay de quienes usando una falsa amistad abusan de los otros y los vuelven instrumentos de sus bajas ambiciones, hay de quienes siguen creyendo, cito de memoria, que no es el asunto saber, sino fingir que se sabe, adquirir fama de grave para medrar y ascender, como dice un viejo poema español, a esas y a esos les recuerdo: Lo que natura no da, Salamanca no presta.

Quiero referirme a la trascendencia literaria y cultural de esta presencia, pero no sólo esto, sino también a sus implicaciones éticas y personales.

En lo que toca a lo literario y lo cultural, la sola mención de su nombre evoca su impresionante trayectoria como narrador, cuyos alcances trascienden el ámbito nacional hasta allegarse el reconocimiento de innumerables lectores en diversos países del mundo. En el género muy particular de la novela negra, ha contribuido además a crear y consolidar la asociación internacional de autores del ramo, que se ha caracterizado por difundir entre el público las bondades de esta riquísima veta. Son muchas las obras de Rafael Ramírez Heredia, incursionan en este terreno, honrándolo como uno de los grandes hacedores de mundos alternos.

Pero además la literatura, si bien se crea en campo propio de una faena individual, reclama al mismo tiempo una interacción frecuente entre colegas y pares. Para que tal suceso tenga lugar, es preciso transmitir entre las nuevas generaciones el gusto y aun más, el gozo indescriptible del oficio, y una de las formas de lograrlo es propiciando la formación de nuevos escritores.

Es así como a lo largo de todo el territorio nacional, el maestro Ramírez Heredia ha congregado una comunidad de jóvenes creadores que hallan en él la indicación oportuna, el preciso señalamiento y el consejo certero que permiten un desarrollo profesional cuyo referente inmediato debe ser siempre la experiencia en tanto signo de madurez creativa.

En lo que a Yucatán se refiere, Rafael nos visita desde 2001 y su fecunda intervención en este suelo da testimonio de los logros alcanzados por varios de sus discípulos que han publicado en prestigiosas casas editoriales nacionales y extranjeras, dando a conocer las producciones de factura local pero con auténticas connotaciones universales, como aspiran a ser las de los escritores verdaderamente comprometidos con su trabajo.

Para este resultado ha contribuido significativamente el maestro Ramírez Heredia, quien como un mentor en toda la extensión de la palabra, ha sabido conducir las inquietudes, expectativas y anhelos de sus discípulos, y ha sabido hacerlo brillantemente, como demuestran los hechos.

Y los hechos, especialmente en lo que a los escritores atañe, se traducen a final de cuentas en obras escritas. El libro más reciente de este destacado autor, el que nos da pie para reunirnos y hacer un modesto recuento de las acciones que en bien de nuestras letras ha emprendido, es el que se titula La esquina a de los ojos rojos, y que además de ofrecer una muestra más de la deslumbrante prosa del maestro Ramírez Heredia, pone a consideración de sus lectores una apreciable recreación de la cultura popular de un famosísimo barrio de la Ciudad de México, ampliamente conocido, en efecto, por la compleja realidad que entre sus calles se desenvuelve, con todas las contradicciones y conflictos que esta novela describe y capta con destreza singular.

Con este nuevo título, el maestro Ramírez hace sentir una vez más, con toda intensidad, su condición de autor que se preocupa e identifica con los procesos de identidad popular, promueve el conocimiento de las acciones y mentalidades colectivas a partir de su expresión escrita y fortalece la conciencia de los grupos sociales sobre la apropiación pertinente de su entorno como producto cultural valedero. Es, así, fiel a su propia tradición creativa, siempre atenta a los fundamentos de nuestra vida como experiencia histórica y trascendente. Ésta es, en suma, la esencia de la literatura en tanto actividad que descubre en las fibras de la peculiaridad vital el fermento indiscutible de los procesos que nos envuelven muy por encima de nuestras fijaciones individuales.

Con estas palabras sinceras y espontáneas quiero transmitir las ideas y los sentimientos que en mí despiertan, como en todos mis oyentes, la obra y la bonhomía de Rafael Ramírez Heredia, quien con toda seguridad es digno depositario del apelativo de amigo, constructor infatigable de vínculos solidarios y autor representativo de la literatura más plena en su estilo y en sus aspiraciones, conduciéndose a la vez como un consumado maestro de escritores, cuya probada vocación deposita inequívocamente su impronta estética y su gentileza en todos los que atesoramos el don de conocerlo.

*Texto leído el viernes 20 de octubre en el Centro Cultural Dante, en Mérida, Yucatán, durante la presentación del libro de Rafael Ramírez Heredia titulado La esquina de los ojos rojos.

*Oscar Sauri, Director de Literatura del Instituto de Cultura de Yucatán

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