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Sepultan a menor que murió en enfrentamientos de Atenco

Acompañan más de 400 personas, entre familiares y amigos, a la víctima hasta el panteón del pueblo de Acuexcomac, donde dejaron sus restos
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  • Notimex
    El Universal
    San Salvador Atenco, Edomex
    Viernes 5 de mayo de 2006

    16:57 Custodiado por una cruz de flores y un listón que decía “Recuerdo de tus amigos, Organización Rebeldes”, fue sepultado Javier Cortes Santiago, el joven de 14 años que murió durante los enfrentamiento entre ejidatarios y policías.

    Más de 400 personas, entre familiares y amigos, acompañaron a la víctima hasta el panteón del pueblo de Acuexcomac, luego de escuchar misa de cuerpo presente en la iglesia de la misma comunidad, a las 13:00 horas.

    Amigos del muchacho dijeron que el nombre de su grupo no tenía nada que ver con la actitud violenta del Frente de Pueblos Unidos en Defensa de la Tierra, que encabeza Ignacio del Valle Medina, hoy preso en el penal de “Santiaguito”.

    Uno de los jóvenes uniformados con camisas negras, dijo que tan sólo eran adolescentes que convivían entre juegos, bailes o sólo para escuchar música.

    Durante la misa de cuerpo presente en la iglesia de San Francisco de Asis, el sacerdote Alfonso Tapia hizo un llamado a la comunidad para que a través de la oración llegue la paz que tanto añora Atenco.

    “Aunque nos entristece la muerte, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad”, dijo el clérigo mientras otro amigo de Javier, de nombre Rodrigo, se desvanecía y parecía convulsionarse entre los brazos de sus madre por el dolor de no volver a ver a su “cuate”.

    Posteriormente, los dolientes conformaron el cortejo fúnebre hacia el panteón que se encuentra a escasos 300 metros de la parroquia, y bajo los acordes de una banda de música los familiares dieron el último adiós a Javier Cortes Santiago, en espera de que su muerte marque el inicio de la paz que por cinco años han esperado los pobladores de Atenco.

    La señora Juana Santiago, madre del joven asesinado por una bala, no pudo resistir y a punto de desmayarse fue llevada a su casa, ubicada justo a la mitad de la calle entre el cementerio y la parroquia.

    sgf

     
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