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También se va Sacchi del Real Madrid Un día después que destituyeran al director técnico Vanderlei Luxemburgo, el director de futbol del club renuncia
EFE Después de que una crisis de ansiedad le apartara de los terrenos de juego hace cuatro años, Sacchi regresó el año pasado para dirigir al equipo que hace varios lustros le consideró su bestia negra europea y que hoy abandona. La vida de Sacchi está llena de reconsideraciones, de cambios bruscos de sentido, siempre a la voluntad de un fuerte y decidido temperamento. Y es que este italiano nacido hace 59 años, tuvo que probar el fracaso para aprender a saborear el triunfo de la época dorada del Milán, esa época en que endosaban 5-0 al Madrid. Y el fracaso lo probó vestido de corto, como regular jugador de nulo futuro, que le obligó a reconsiderar desde adolescente su pasión por el fútbol y encaminarla a los banquillos, donde en los equipos amateur de su ciudad natal, Fusignano, ya plasmaba en el campo su fútbol vistoso. Pero no sería hasta 1985 cuando este hijo de zapatero daría el salto a la profesionalidad, con su fichaje por el Parma, entonces en la Tercera División italiana, al que en un solo año consiguió ascender de categoría. Y seguiría entrenando al Parma hasta que en el verano de 1987 Silvio Berlusconi le daría la oportunidad de su vida: ofrecía el banquillo del Milán a un desconocido, hincha desde pequeño del Inter, y al que la prensa no trataría demasiado bien al principio, poniéndole el significativo apodo de "Don nadie". Aunque con el tiempo se desprendería, por méritos propios de ese sobrenombre, Sacchi tuvo que padecer en sus inicios las críticas más acérrimas cuando el entonces modesto Espanyol, entrenado por Javier Clemente, le eliminase de la Copa de la UEFA, una derrota algo mitigada por la conquista de la Liga italiana. Sin embargo, esas pequeñas frustraciones solo servirían para que en abril de 1989 saboreara mejor la histórica "manita" que endosó al máximo rival continental de los milanistas, un Real Madrid que en San Siro y con la Quinta del Buitre fue incapaz de vencer al equipo de Baresi, Van Basten, Gullit y Rijkaard, y vio como se escapaba otra final de la Copa de Europa. Una copa que no se le escaparía a Sacchi ni ese año ni el siguiente, hasta el punto de que Ramón Mendoza fue capaz de proponerle a su "bestia negra" el banquillo blanco y el ya más que reputado entrenador italiano fue capaz de decir "no" al equipo más laureado de Europa. Porque su destino tras el Milán era otro, la selección italiana y su punto de mira el Mundial de Estados Unidos de 1994, en el que Italia acabaría perdiendo la final, pero no sin antes eliminar a España en unos cuartos muy reñidos, siempre recordados por la cara ensangrentada del entonces madridista Luis Enrique. A pesar de esa final, Sacchi sería nuevamente cuestionado por la prensa, siendo sus múltiples rotaciones el principal foco de ataque periodística, aunque su reputación mundial seguiría aumentado hasta conseguir una oferta de Hollywood para interpretar a un entrenador en una película de amor, que, fiel a su carácter, se encargó de rechazar. Un temperamento consecuente y apasionado que le hizo romper su contrato con la selección, el 1 de diciembre de 1996, para volver a dirigir a su Milán, en horas bajas, que poco recordaba a aquel con el que logró dos Copas de Europa, una Liga, dos intercontinentales, dos Supercopas de Europa y una Copa de Italia. Poco pudo hacer por resurgir tiempos gloriosos milanistas, pero sí consiguió que Jesús Gil le llamase para entrenar al Atlético de Madrid, en cuya presentación Sacchi fue claro al exponer su filosofía de juego: "Si un sistema crea problemas a un jugador, no es un buen sistema". Pero este amante del jamón serrano y del museo de El Prado no mostró gran sensibilidad al echar de su equipo a los héroes del doblete rojiblanco, los carismáticos Caminero, Vizcaíno y Pantic, para traer apuestas personales que no evitaron la mala trayectoria del equipo. Sacchi quería abandonar el fútbol al finalizar su contrato con el Atlético en 2000, pero Gil se le adelantaría al destituirle el 14 de febrero de 1999, tras una nueva derrota, esta vez frente al colista de la Liga, el Salamanca. Sería de vuelta a Italia, en su nueva etapa con el Parma, cuando Sacchi colgaría las botas, al dimitir de su cargo, alejado de la gloria que le encumbró como mejor entrenador de Europa que le entregó la prensa española y aquejado de ataques de ansiedad, que le obligaron a colocarse en los despachos como asesor. Hoy se va del Real Madrid por la puerta de atrás, con sensación de fracaso, la misma con la que el brasileño Luxemburgo dejó el cargo de técnico un día después de vencer al Getafe ofreciendo una mala imagen. jlm |
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