Buenos Aires.-En el rostro de los jugadores del América se decía todo. Eran la imagen de la impotencia. Esa impotencia que en el primer tiempo de un partido parejo de ida y vuelta, les pudo haber permitido torcer la historia, en por lo menos tres ocasiones Todo ocurrió ante un rival, el Vélez Sarsfield, que aplicó su conocido libreto de orden en todas las líneas, toque constante y lucha en la mitad de la cancha al pie de la letra y así cosechó su victoria y su pase a la semifinal.
Había arrancado bien el local, con Gracián aportando la movilidad y Sena junto con Somoza haciéndose los patrones de la mitad de la cancha.
Habían llegado a inquietar a Ochoa en varias oportunidades, pero todas con disparos desde lejos. Una, un remate de Gracián que el portero se esforzó en enviar al córner; otra de Somoza que pasó cerca y la otra de Centurión, que reventó el travesaño en la mejor atajada de Ochoa, quien alcanzó a desviar el viaje de la blanca.
Si todo se hubiese detenido ahí se podría decir que Vélez mereció haberse ido al entretiempo en ventaja. Pero no. Carrillo había ordenado a Pável y a Villa como dos lanzadores para buscar a Kléber, de bajo rendimiento, y al Piojo López, quien logró quedar dos veces mano a mano frente al portero Sessa. Pero el ex delantero de la selección argentina andaba con la pólvora mojada y así, con un primer tiempo parejo y de buen futbol, al América se le acortaba el tiempo para lograr la hazaña.
Pero Vélez, se sabe, es un equipo que no se sale del libreto.
Esperaba con cuatro en el fondo, bien pegados a su área, y con Somoza, el hombre de los 20 pulmones cortando todas la intentonas de Cuauhtémoc Blanco o de Pardo, hasta que con un pelota detenida la única forma de entrar cuando una defensa se cierra de Gracián acompañado de una `semipalomita` de Bustamante a los 20 minutos del complemento, que entró en el palo izquierdo de Ochoa, ante la tibia marca del zaguero Rodríguez, el cuadro anfitrión dejaba nocáut al América.
Agonizantes, las Águilas siguieron buscando, pero no era la noche de sus delanteros.
Primero, a los 23` se lo perdió El Piojo sólo debajo de los tres palos. Seis minutos más tarde, un enredo en el área que Castro no pudo empujar y casi sobre el final, fue Cuauhtémoc, quien después de un taco de López, solo frente al arquero, en la que quizá fue la mejor ocasión americanista, la envió a las gradas.
Aquí se terminaba de dictar sentencia, porque bien es sabido que en el América hay muchos jugadores valiosos, pero uno clave: Blanco y si éste también fallaba frente a gol, el destino estaba escrito.
No era la noche del América. Por eso, no extrañó a nadie el penal de Davino contra Enría, una falta muy reclamada por los futbolistas de amarillo, pero bien señalada por el silbante.
Fue Somoza, la figura de la cancha, quien transformó la pena máxima en el segundo gol.
Así se fue el América de la Copa Sudamericana, cargado de impotencia por no haber podido ante un equipo que si bien no luce en espectacularidad como lo que es, el último campeón del futbol argentino, al menos, como buen monarca, conoce su libreto de orden y sacrificio de memoria, tal como lo demostró en esta doble serie ante las Águilas, par de encuentros que los argentinos ganaron por idéntico marcador de dos goles por cero.
Las Águilas ya piensan más en el regreso a casa, a su reino como campeones en México y fijan las energías en La Máquina para el domingo, en un encuentro en el que se disputa el liderato general de la competencia.
En contraparte, Vélez y sus hinchas, ya esperan el duelo del día 9 entre Pumas y Corinthians, de donde se conocerá su rival en la semifinal de la Copa.