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Wilma: Exhibe huracán la fragilidad de Cancún

Tras la tragedia, la ciudad mostró su otra cara, comenzaron a fluir las imágenes de desesperación y quedaron al descubierto sus sistemas de asistencia social
  • Ficha informativa de Cancún
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    Alejandro Suverza/Enviado
    El Universal

    Miércoles 26 de octubre de 2005

     CANCÚN, QR.- Cuando los desastres naturales rompen la epidermis, esa fina malla que envuelve a una sociedad y que de alguna forma la mantiene aislada de un entorno nacional e internacional, entonces un pueblo, una ciudad o un país queda desnudo y se muestra tal cual es.

    Es como si por primera vez alguien reventara un fruto desconocido y exhibiera a la humanidad de qué está hecho. Entonces, comienzan a fluir los rostros y las imágenes de desesperación y quedan al descubierto sus sistemas de asistencia social. Ahora que el huracán Wilma desvistió a Cancún, se puede mirar a su gente que camina largos trayectos en busca de agua potable. A cientos de ciudadanos que aglomerados en la presidencia municipal exigían comida, una despensa. A decenas que hacían filas en las tiendas que sobrevivieron a Wilma para comprar víveres. A mujeres que pedían aventón para asistir a un servicio de salud, y a personas que salieron a las calles a vender para hacer frente a la inexistencia de la asistencia social.

    "Diez pesos amigo, no hay comida pero sí hay resina", dijo un hombre que la mañana de este martes vendió recuerdos en la avenida Tulum. Domingo sólo tenía en mente vender para comer.

    Quizás esa es la forma de operar en los sistemas de asistencia del tercer mundo. Cuando en septiembre de este año el huracán Katrina devastó el sur de Loussiana, Mississippi, cientos de vehículos de asistencia recorrían las calles, ofrecían comida y bebida durante todo el día.

    Regalaban juguetes a los niños. Las compañías de evaluación de riesgo levantaban un registro de las personas que habían perdido sus casas y pedían los documentos para iniciar la entrega de créditos.

    Los había devastado un huracán y como en cualquier parte del mundo nunca se está preparado para eso.

    Cancún no fue la excepción. Wilma afectó 541 mil personas. Dañó 85 por ciento del alumbrado público, por tanto no hubo gasolina, luz y tampoco hay bancos.

    "Nosotros aquí es de lo único que vivimos y ahora no hay trabajo. A eso hay que echarle que no tenemos nada y no nos dan nada. Siempre que hay un huracán nos dicen que hay que esperar y esperar, pero ya cuántos días pasaron. Tiene uno que comprar agua de la pipa. Nos estamos quedando sin nada y aquí la ayuda no ha venido ni una sola vez", dijo Luis Beltrán, un habitante de Puerto Juárez, la zona más dañada del norte de Cancún.

    La presidenta del DIF local, Margarita Vázquez Mota, hermana de la secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, dijo que la gente quiere la asistencia el mismo día. "Y no puede ser así, nosotros le decimos en tres días le damos comida y en los siguientes tres le damos apoyo para tu vivienda".

    Contó que el problema principal en los sistemas de asistencia es que hasta que ocurre el huracán comienzan los apoyos, pero en Cancún se quedaron sin carreteras y sin vuelos, y así no hay forma de ayudar.

    Quizás como dice Luis Beltrán: "Ahora sí nos pegó a todos parejo, así deben repartir".

    Quizás pasarán días y nada llegará. Las personas que perdieron sus casas jamás la recuperarán, pero pasará el tiempo y la epidermis que mostró la esencia de Cancún, se reconstruirá.



     
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