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Reúne Rafael Zamarripa historia de danza folclórica en libro

Hace el historiador un recuento histórico de la danza folklórica en el libro "Del siglo XX al tercer milenio"
Ciudad de México | Viernes 17 de enero de 2003 Notimex | El Universal13:50

El investigador de danza folklórica, Rafael Zamarripa da cuenta, en el libro "Del siglo XX al tercer milenio", de la larga lucha de los grupos y compañías que buscaron darle su lugar a esta expresión artística.

Zamarripa hace un recuento histórico de la danza folklórica que, aseguró, nació en los pasillos universitarios y "en los patios de las escuelas de forma un poco marginada".

En un principio, informó, fue impartida por profesores de educación física y no por maestros de danza, ya que se carecía tanto de escuelas de danza en todo el país, como de educadores especializados en esta manifestación.

En el texto, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el investigador afirmó que esta expresión nació gracias a "unos cuantos rebeldes" que se dieron a la tarea de ganar su propio espacio.

"Los primeros sonidos de esos zapateados fueron emitidos y practicados, una y mil veces, por aguerridos estudiantes que, un poco hartos de las clases obligatorias, buscaron una forma de hacer deporte y al mismo tiempo hacer arte y sentirse muy mexicanos bailando lo que les pertenecía: los sones y los jarabes de sus distintos estados".

Informó que pese a la amenaza de las escuelas de retirarles el apoyo, estos estudiantes continuaron con sus bailes propios, de ahí que el investigador aseguró que la danza folklórica tuvo en sus inicios "algo de masoquismo".

"Ningún tipo de prohibición eclipsó su entusiasmo. Muchas veces les quitaron el sonido, pero en cambio nació el tambor y no se podrá saber que fue peor para quienes lo prohibieron".

Este instrumento, agregó, fue un verdadero acompañante de la danza. "Con la aparición del tambor de simple aro y descolorida piel, salían sonidos agrupados, codificados y con tantas claves implícitas que resultó un gran invento".

Tras señalar que en un principio los estudiantes bailaron simplemente por bailar, y por acercarse lo más posible a su pareja, afirmó que esta manifestación surgió al mismo tiempo en muchas universidades, sin embargo entre los practicantes no existía ninguna relación.

"Hasta que algunas personas se organizaron para interpretar los sones regionales y realizar presentaciones públicas. Dichos grupos surgieron de las escuelas normales para maestros, departamentos de turismo, internados y academias privadas, principalmente".

El investigador recuerda cómo al principio los dirigentes de los grupos de baile tenían un conocimiento muy limitado de las danzas que no fueran de su región. "Sin embargo los bailadores más curiosos comenzaron a desertar de los grupos en busca de nuevos horizontes para su trabajo".

A partir de entonces surgieron los primeros líderes que pretendían formar grupos, "la idea era aprender muchos y diversos bailes como huapangos, jaranas, danzas de moros y de quetzales, polkas y redovas. Los jóvenes rebeldes se dieron a la tarea de aprender otras formas de bailar con música y vestuario diferente".

Fue este el momento, dijo Zamarripa, cuando los universitarios comenzaron a enseñar lo aprendido, simplificando los métodos para lograr un aprendizaje más rápido y correcto, "así los líderes se convirtieron en maestros".

El investigador destacó que la noticia más importante, en los años sesenta, fue el surgimiento del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, que había ganado el primer lugar en el concurso mundial de este género realizado en París, Francia.

Posteriormente, informó, llegaron los ballets como el del Seguro Social y otros más que siguieron asombrando a los estudiantes de las diferentes universidades, hasta que en 1966 el Instituto Nacional de Bellas Artes convocó al Primer Concurso de Danza Folklórica.

"Fue un evento maravilloso porque les pertenecía a ellos. Los bailadores folklóricos fueron finalmente tomados en cuenta", concluyó el investigador.



 

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