¿Viaje o automóvil? Uno de éstos te hará más feliz

Coleccionar recuerdos es una de las experiencias más gratificantes. Sólo una de las dos te lo dará
ILUSTRACIÓN: ROSARIO LUCAS. EL UNIVERSAL
21/09/2017
01:40
Mariana F. Maldonado
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Si estás dudoso entre gastar en esas vacaciones a Europa que tantos años llevas deseando o comprarte ese coche de un modelo mejor al que tienes, antes necesitas saber esto: Emplear el dinero en experiencias hace que la motivación de una persona aumente así como sus sensaciones positivas, mientras que gastar en objetos físicos, hace que disminuya.

No es solamente por decirte que no compres el auto así como así, sino que si lo que estás buscando satisfacción más duradera, muy probablemente un auto no te la dará. Varias investigaciones científicas han demostrado que las experiencias hacen más feliz a las personas que las posesiones.

Una investigación realizada por la Cornell University encontró que el disfrute que se deriva de hacer una compra relacionada con experiencias puede empezar incluso incluso antes de que se haga la compra. Apenas decides hacer un viaje o asistir a un concierto seguramente te frotas las manos de satisfacción, ¿no?

“Los investigadores encontraron que las personas que piensan en gastar en compras relacionadas con experiencias, tales como boletos de conciertos, tienen más altos niveles de satisfacción que aquellos que gastan dinero comprando cosas físicas”, explica un comunicado de esa institución. Incluso encontraron que aquellos que hacen fila para comprar alguna experiencia están de mejor humor que los que se forman para adquirir bienes materiales.

Es decir, es mucho más sencillo que los compradores se pongan violentos, rompan ventanas y hagan destrozos cuando están esperando para comprar un televisor (esto sucede mucho en Estados Unidos, en fechas como el Black Friday, por ejemplo, en las que el consumismo tiene su máxima expresión), que lo hagan cuando están esperando por adquirir unos boletos de un concierto, por ejemplo.

¿Qué es lo que motiva que sea así? Fue otra pregunta que los investigadores Thomas Gilovich y Amit Kumar de la Cornell University y su coautor Matthew Killingsworth de la University of California se hicieron al realizar este estudio, y en esta búsqueda encontraron que las personas pueden pensar acerca de futuras experiencias de una forma más abstracta, lo que lo hace más significativo y gratificante. En general, que pensar desde antes en las experiencias que se van a tener pueden hacer que las personas estén más cercanas a ser felices. De esta abstracción nace el que las personas tengan estos sentimientos placenteros incluso antes de viajar y cuando están planeando su traslado.

“Las experiencias son realmente una de las cosas más importantes que nos hace humanos”, sostiene  sostiene Jacob Morgan, un especialista en estudiar nuevas tendencias en el mundo del trabajo, el cual dirigió una investigación sobre la importancia de las experiencias que el empleado tiene al trabajar en cierta compañía. Las experiencias nos hacen humanos porque nos conectan con el mundo y se transforman en recuerdos, a través de los cuales, podemos referirnos al mundo ante los otros.

En este sentido, es importante explicar algo. Que los seres humanos no buscamos tener experiencias sólo por el mero hecho de tenerlas, sino que lo hacemos porque estas experiencias generan memorias, y éstas incluso terminan convirtiéndose en lo que prevalece al hablar de una experiencia.

¿Qué tal estuvieron tus vacaciones? Daniel Kahneman, un psicólogo Nobel de Economía ha investigado sobre este tema y él explica que cuando nos hacen esta pregunta, por ejemplo, quien contesta es esa parte del yo que está recordando y evaluando esa experiencia, no en sí mismo el que lo vivió de primera mano, porque esa parte de la persona tiene muy poco tiempo de existir y se extingue.

“A diferencia del yo que experimenta, el yo que recuerda es relativamente estable y permanente. Éste es un hecho básico de la condición humana, que los recuerdos son lo que nosotros nos quedamos de nuestra experiencia, y la única perspectiva que podemos adoptar de la forma en la que pensamos nuestras vidas es, por tanto, la del recuerdo en sí mismo”, sostiene en su investigación titulada Viviendo y pensando: dos perspectivas en la vida. Cuando pasan los años, lo que nosotros recordamos es lo único que queda de esa experiencia y muchas veces quizá ese recuerdo sea muy diferente a como realmente fue ese viaje o ese acontecimiento que tanto nos dejó marcados.

Así que en realidad lo que traemos al presente de una experiencia, es el recuerdo que tenemos de ella, y en este recordar, por supuesto, hay sesgos. El psicólogo pone un ejemplo: imaginemos que un amante de la música escucha una sinfonía en un disco que está rayado casi hasta el final, produciendo un sonido desagradable. De este tipo de incidentes se suele decir que arruinan toda la experiencia. Pero en realidad, la experiencia no se arruinó, sólo la memoria que se tiene de ella, asegura en esta investigación.

Partiendo de esto, es posible decir que los seres humanos tenemos sentimientos más placenteros a la hora de gastar dinero en algo que nos genere experiencias, no comprando objetos materiales. A partir de estas experiencias, generamos recuerdos que son la base de lo que podemos transmitirles a los otros y de lo cual partimos a la hora de comunicarnos.

Con base en esta evidencia, no es de extrañarse que hoy el marketing y en general, los esfuerzos que las empresas hacen, estén orientados en ofrecer, más que productos, experiencias para sus usuarios. Incluso en el área laboral existe un índice que busca evaluar la experiencia que el empleado tiene en la empresa en la que trabaja. Ésta es una mezcla entre el espacio físico, la tecnología que se le proporciona y la cultura laboral de la organización. Todo este estudio se realiza para encontrar la mejor manera de ofrecerle experiencias que el empleado (usuario) quiera revivir una y otra vez.

Al final, queremos ser felices

Con base en todo esto, ¿qué es lo que a la larga va a producirnos más felicidad, comprar un auto o pagar un viaje? Quizá el auto lo necesites y está bien que lo adquieras, pero si es sólo por cambiar de modelo que estás pensando en renovarlo, quizá un viaje te dará mucho más sensaciones placenteras que lo que haría un auto o cualquier otro objeto material.

Porque al final, ¿qué es lo que estamos buscando con la compra (y en general con todo lo que hacemos en la vida) sino ser felices? Si seguimos con el ejemplo de viajar, (en vez de comprar un auto), esta actividad trae muchos beneficios además de generar experiencias que puedan volverse recuerdos memorables y que generen sentimientos placenteros al traerlos nuevamente a la memoria.

Por ejemplo, puede cambiar tu personalidad. Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology demostró que después de un viaje, muy probablemente no regreses siendo la misma persona. Las personas pueden volverse más abiertas, tolerantes y menos neuróticas, sobre todo cuando se habla de estancias de meses en las que se construyen relaciones con individuos de otras latitudes.

Pero hay que decirlo: Si bien planear un viaje, vivirlo y recordarlo puede hacernos muy felices, eso no pasa a la vuelta de éste. Un análisis titulado Los turistas más felices, pero no más felices después de unas vacaciones, encontró que aquellos que se van a ir de viaje experimentan felicidad antes de hacerlo, más de los que no tenían uno cerca, probablemente porque lo estaban preparando. Sin embargo, sólo unas vacaciones relajadas traen felicidad a la vuelta. “Generalmente, al evaluar la felicidad posterior, no hay diferencia entre quienes viajaron y quienes no”, sostiene el estudio. Habrá que resignarnos a que los viajes son bellos y efímeros a la vez.

Aunado a toda esta evidencia, un movimiento alrededor del mundo, el minimalismo, (el cual se basa en dejar tiempo y espacio para las cosas importantes como la familia y dejar a un lado el consumo irresponsable) se une a todas esas voces contemporáneas que gritan que los objetos físicos no nos harán felices. ¿Qué decides?

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